Las películas domingueras de las cuatro.

Las televisiones en general tienen una rara habilidad con respecto a la programación de los domingos en la sobremesa. Salvo contadas y llamativas excepciones recurren a películas intranscendentes, con guiones sencillos que se resuelven con tanta facilidad que cualquiera puede adivinar el final sin demasiado esfuerzo.

Tienen títulos llamativos por no decir absurdos, bueno, al menos así son los títulos que se traducen al castellano que como todos sabemos, en muchas ocasiones, nada tienen que ver con su título en inglés. Películas como “Chica lista”, “La mejor época del año” o “Mayday” (¡manda huevos con los titulitos!) exponen historias al espectador que lo sumen en un profundo y revitalizador sueño que convierten al domingo dominguete en el único reducto existente de la siesta española.

Spanish siesta

Spanish siesta

Difícil misión tienen las televisiones de poner en esa franja horaria algo que pueda mantener despiertos a los sufridos televidentes. Alguna cadena opta por documentales y otras por partidos de tenis o las tan afamadas carreras de caballos de las que estoy seguro no ve ni el 1% de todos los que tenemos los ojos puestos en la televisión entre las 15:30h. y 16:00h. de la tarde.

Debemos estar orgullosos con nuestras películas de sobremesa, yo las llamo “Las películas de las cuatro” o también conocidas como las “películas siesta”, ayudan enormemente dentro de los hogares españoles a que no se pierda esa tradición española que durante siglos ha sido uno de los estandartes de nuestra cultura.

Recuerdo una anécdota al respecto de este ‘topicazo’ de la siesta que nunca olvidaré y es sobre la visión que se tiene en algunos países de “la siesta española”.

Hace poco más de cuatro años, estando en mi anterior empresa, llamaron por teléfono a la secretaria del Director Financiero desde Londres. La llamada cogió a la sufrida secretaria casi a la hora de terminar su jornada laboral, bueno, tan al final que ya estaba con el abrigo puesto y el bolso en la mano. Como hacemos casi todos cuando suena nuestro teléfono en la oficina justo cuando salimos lo atendió, perjurando y maldiciendo y diciéndose a sí misma que esta sería la última llamada del día, y al descolgar y reconocer la voz de su interlocutora que, como digo, llamaba desde Londres, le dijo en perfecto inglés aunque yo tendré la amabilidad de traducirlo: “Estaba saliendo ya de la oficina, son las seis de la tarde y a esta hora termina mi jornada laboral”. La amable mujer inglesa que hablaba le espetó con toda la naturalidad del mundo: “es que no he querido llamar antes porque sé que en España la gente se echa la siesta de 3 a 5 de la tarde”. Ni que decir que la secretaria se quedó entre boquiabierta e indignada y tuvo que aclararle con un claro ejemplo que los mitos son los mitos y llevan décadas superados, la espetó: “pues fíjate, yo te daba todavía tomando un té, el de las cinco, en tu casa y con tu señora madre…”. ¡Estuvo soberbia!

Después siguió la conversación pero ya resulta intrascendente para este post.

Como muchos “singles”, solteros, separados, divorciados o como quiera que se llame a lo de vivir solos hacemos, los domingos son nuestro día, nuestro momento, nadie nos puede molestar, ni tan siquiera las películas de sobremesa, nuestro cerebro se mantiene bajo mínimos, medio preparándose para la semana laboral entrante o también sucumbiendo a la envolvente y curativa sensación de “no hacer nada”.

Momento vago, momento tumbing, momento de encefalograma plano, en definitiva, momento de “Las películas de las cuatro”.

¡Qué sería de nosotros sin ellas!, los domingos ya no serían lo mismo.


Momento siesta al más puro estilo Hommer Simpson

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