A veces llega un momento

Soledad

Soledad y miedo

A veces llega un momento en que sientes que el cuerpo te pesa, los ojos no quieren abrirse del todo, las manos, sin vigor, no sustentan nada con la diminuta fuerza de la ilusión. Tu cerebro no es capaz de hilar un solo pensamiento lógico y el techo de tu casa, o a veces el cielo estrellado, supone el único refugio de tu tristeza.

Hay momentos en los que no queremos caminar, donde dar un paso supone un esfuerzo más allá de nuestra inexistente voluntad, donde tomar un sorbo de agua significa un trabajo desmedido para las intenciones de nuestro marchito deseo. Son momentos donde no queremos cambiar nada, en el que no queremos plantearnos siquiera si apearnos o no del tren de la esperanza, donde la palabra amor supone una quimera, donde la palabra consuelo se convierte en una frustrada intención.

Son esos momentos donde solo emergen como rocas en erupción nuestros secretos más profundos, nuestros deseos y esperanzas que siempre nos acompañaron en nuestra vida, son esos momentos en los que volvemos a ser nosotros mismos, completamente desnudos ante la realidad de nuestro ser, quizá volvamos a ser niños por un momento o quizás las nieves del tiempo afloren más que nunca para sentir de nuevo nuestros sueños e ilusiones frustrados por la realidad del paso del tiempo.

Recuerdas entre grises reflejos del pasado las hermosas y coloridas primaveras del amor, los cantos de las sirenas que desafiantes luchaban contra el oleaje de las miserias para vencerlas y cantar al amor y a la ilusión.

En esos momentos me miro al espejo y siento que mis ojos no brillan salvo por el reflejo de la luz en mis contenidas lágrimas. Momentos en los que uno quisiera huir a la isla de los piratas y dejarse sencillamente naufragar a la espera de ser engullido por las olas de una nueva esperanza.

Son esos momentos en los que el deseo solo es una empresa cinematográfica, la ilusión el título de una canción que emite una radio de un bar, el amor, sí, el amor, cuatro letras que unidas suenan a las notas de una guitarra cansada y lastimada de tanto esperar, de tanto cantar, de tanto llorar.

Pero siempre emerjo de esos momentos, tomo aire y siempre vuelvo a caminar, miro hacia delante, de la paleta de mis vivencias doy pinceladas de color a los tonos grises o negros que me esperan y vuelvo a buscar y a sentir la magia de las estrellas.

Es cierto, a veces llega un momento, pero es solo eso, un simple  y oscuro momento.

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