Reflexiones de un salmón

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Un salmón como otro cualquiera

A estas alturas de mi vida es habitual encontrar los momentos de la reflexión, me paro a pensar muchas veces en lo que ha sido, es y será mi vida, porque lo bueno que tiene una etapa como esta es que el camino recorrido, el cual ya comienza a ser largo, no impide que sigamos planeando, soñando con el futuro, imaginando momentos de emoción y luchando todavía por conseguir los sueños que nos vienen acompañando buena parte de nuestra vida.

Pero también es verdad que siempre hay algo que te hace volver a mirar a tus orígenes y como un salmón que vuelve al río donde nació a desovar y después a morir, parece como si siempre hubiera una certeza que tarde o temprano regresaremos de nuestro viaje, de nuestra aventura por el mar de la vida volviendo a lo que siempre hemos sido y nunca dejaremos de ser.

Durante el recorrido siento que he evolucionado tanto, que los cambios en mi vida, en ocasiones, han sido tan importantes que no sé cuánto quedará de aquel alevín que comenzó a nadar solo y se adaptó como pudo, supo y le dejaron, al agua salada del mar.

Sí, me siento a veces como un salmón, nací en un río de aguas dulces y caudal reducido y por la inercia de la corriente me fui acercando a la desembocadura del mar mientras mi cuerpo y mi mente se iban preparando o adaptando al mundo nuevo que se abría ante mí y que tendría que descubrir por mí mismo, a esto se le suele llamar crecer, madurar, desarrollarse como persona y unos cuantos más adjetivos que no termino de creerme del todo, quizás porque nunca terminamos de estar preparados para enfrentarnos a todas las tormentas y oleajes del mar, quizás porque la vida, en sus distintas etapas es demasiado corta y cuando aún no has terminado de emocionarte con el primer amor, con el primer beso, con el primer logro profesional o personal, la vida ya te ha dado cincuenta palos en la frente que de manera precipitada te sacan de la ilusión de la juventud para meterte de lleno en la dureza de lo que llamamos madurez. ¡Son tan cortas las etapas de la vida que no da tiempo a casi nada!.

Llevo ya tiempo en este mar, ya han pasado muchos años desde que mi cuerpo comenzó a asimilar el agua salada de esta vida, a veces amarga, otras muy dura y en ocasiones sorprendentemente bella y continúo descubriendo nuevos paisajes, nuevas estrellas que siguen ofreciéndome nuevos sentidos y horizontes a mi vida.

Algo de salmón tengo, no sé si estoy un poco ahumado o todavía queda algo de frescura en mí, al menos lo intento y sí, creo que aún queda mucho de aquel pez inexperto, inocente y con ilusiones que se echó al mar sin saber qué se iba a encontrar. Y continúo en medio del mar, buscando encontrar mi camino y sin programar y sin planear nada, en ocasiones, aparecen estrellas que consiguen, sin proponérselo, que vuelva a soñar.

Este salmón que os habla no tiene nada claro que sepa volver al río del que partió, aquel pasado que me forjó ya casi no existe y, la verdad, no me hago ninguna idea de dónde irán a parar mis espinas pero mientras mis branquias aguanten seguiré con toda la ilusión de la que soy capaz nadando en el mar de la vida. Al fin y al cabo la vida es aquello que nos sucede mientras la planeamos

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