Tan solo siete letras

Su doble cara

Siento su fría mano sobre mi espalda, me vuelve a acariciar en el momento más inesperado y nunca consigo estar lo suficientemente preparado para quitármela de encima, para estamparla brutalmente contra la pared y así conseguir que me deje en paz, que no vuelva nunca más, pero insiste y domina la dirección de mis ojos para que estos al mirar no vean a nadie, y bombea unas escasas gotas de sangre para que mi corazón se ralentice, como si comenzara a aletargarse en una crionización que apuntara al infinito sin posibilidad de resurrección.

¿Por qué esta terrible sensación? Si al menos pudiera anticiparme, si al menos tuviera la facultad o las fuerzas para enfrentarme y no caer en la profundidad de mis miedos, en el averno de las ausencias. No la nombro porque presiento que se fortalece con solo pronunciar su nombre, es como si se alimentara de las palabras de rechazo y de amargura que brotan de mi corazón hundido para emerger a través de la energía de la voz. Un simple detalle por pequeño que sea, por muy ajeno que fuera a mi vida me hunde entre sus gélidos brazos. Un pequeño cambio en el difícil equilibrio de mi mundo aterra mi corazón, hace tambalear mi torpedeada seguridad hasta el punto de dejar agujereada la línea de flotación de mis recursos.

Estoy en medio de muchos y solo quisiera ser una sombra, desaparecer sin ser percibido, esconderme del mundo que lejos de acompañarme empuja hacia mí su presencia fría y demoledora. Las palabras de los demás parecen gritos en mi cerebro, no tienen significado, solo me aturden y me producen un profundo desasosiego, tan solo puedo escribir, aislarme a través de los textos, el único lugar donde siento menos dolor, donde su presencia se reduce a siete letras, solo siete símbolos que puedo borrar de un plumazo para sentir por un instante que he podido con ella. Aquí únicamente  son letras, tan solo siete letras.

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