Insinuación

seduccion

Insinuación y seducción

La insinuación como medio para la provocación, para dejar volar a nuestra imaginación creando imágenes en nuestro cerebro sobre algo que no vemos pero que sí intuimos. Insinuar nuestra inteligencia por medio del oportuno silencio, callando cuando este comunica más que nuestras palabras, guardando silencio cuando este provoca interés en quien nos mira imaginando que dentro de nosotros mismos encerramos pensamientos interesantes y profundos.

La insinuación como medio para crear dudas, para tejer inseguridades en quien las percibe. Solo un gesto, una palabra que provoque ir más allá de lo que sabemos, que nos haga pensar que algo ocurre sin tener datos objetivos que nos lleven a la sospecha.

Y por fin la insinuación de los cuerpos, la seducción, la más provocadora, la que despierta nuestros deseos más íntimos, en ocasiones inconfesables por miedo o vergüenza a mostrar lo que en realidad nos estremece. Un cuerpo semidesnudo que despierta nuestra lívido, que motiva nuestro deseo sexual por el mero hecho de volar con nuestros dedos espirituales sobre esa piel aterciopelada e imaginada, solo visionada por nuestro pensamientos y casi sentida por nuestro sexo.

No vemos, solo imaginamos y si en ocasiones la imaginación produce monstruos de duda en otras provoca que nuestro cuerpo se estremezca, que nuestra piel se sensibilice solo con la caricia del viento, que el hombre sienta una erección tan solo de pensar en lo que hay escondido a nuestros ojos, que la mujer sienta el fuego más íntimo tan solo de imaginar que el objeto de su deseo la penetra con la fuerza descontrolada y animal del deseo.

La insinuación en la vida, en el sexo, en el amor, la insinuación que puede mover el mundo que gira a nuestro alrededor, provocando, motivando, movilizando voluntades, convirtiendo en pasión lo que solo sería agradable, transformando en miedo y pesadilla lo que no pasaría de una mera sospecha… La insinuación, inevitable compañía, a veces cruel y dañina, otras seductora y excitante, pero siempre con nosotros, siempre presente.

A veces unos puntos suspensivos a tiempo resultan más insinuantes que largos versos de deseo…


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