Una nueva noche oscura

Una nueva noche oscura, ¡qué estupidez! ¡todas las noches son oscuras!, no, más bien otra noche dura, noche de hundimiento profundo, de no poder llorar y de tener el alma por los suelos, medio arrastrada, medio partida, medio muerta.

En oscuridad

Una noche de recuerdos de aquellos que pasaron por mi vida y ya no están, una noche de perder el tiempo en pensar en lo que pudiera haber sido y no fue, en lo que debiera haber hecho y no hice, en lo que hice y me equivoqué, porque sí, yo sí me atrevo a decir públicamente que algunas cosas de mi vida las cambiaría, porque ahora sé de sus consecuencias, porque ahora conozco el dolor que tras de sí deja una herida siempre abierta, siempre sangrante, que huele a whisky y coca cola, a pastillas para dormir, a dolor de estómago y a diarrea, a desastre tras desastre, a revés tras revés.

Dicen que si persigues tus sueños, en la medida que los persigues se mide tu grandeza, pues yo los he perseguido toda mi vida, huyendo de aquello en lo que no creía e iniciando desde casi cero, vez tras vez mi vida y ahora veo que de grandeza ‘na de na’, ahora soy chiquitito, muy pequeñín, un pitufo arruinado que no puede sacar adelante lo que más quiere en la vida, que no puede, que no llego, que no me llega, que soy de un mundo subterráneo que dista miles de kilómetros de mi dorado Ítaca, de mi elevado y excelso monte del Olimpo.

Allá está mi dicha, siempre lejana pero casi alcanzable con la punta de los dedos hasta que un nuevo revés te mete la hostia más grande en el corazón dejándolo sangrando y muy mal herido.

Es una noche más, oscura como todas, de pensamientos confusos, de sentimientos heridos, de necesidades no saciadas, de melancolía, de recuerdos y de sueños, sobre todo de sueños. Un noche más, compañera de reflexiones e introspecciones, una noche más que ya me va anunciando, como todas las noches que en unas pocas horas llegará irremediablemente un nuevo día.

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