A vivir que son dos días, aunque duela

soledad4

Así ni esto es vida ni es 'na'

Recuerdo con mi primera novia formal, me refiero con aquella con la que haces planes de futuro, que uno de los “juegos” simpáticos que hacíamos cuando caminábamos agarrados por la cintura era intentar caminar al mismo ritmo. Se llamaba y se llama, eso espero, Julia. Recuerdo como si fuera ayer nuestros largos paseos por la calle Franco Rodríguez y por la calle Bravo Murillo intentando caminar al mismo paso, yo era más alto, y por lo tanto mis pasos eran más largos, al final y a pesar del esfuerzo, tenía que volver a cambiar mi paso para intentar recuperar el suyo.

Y parece que ese sencillo caminar juntos de la mano y sobre todo agarrados de la cintura no es asunto tan baladí como parece, tiene su arte, su dificultad y su entrenamiento. Requiere interés y conocer muy bien tanto tu ritmo como el ritmo de la otra persona.

Tengo la impresión que en la vida algo así ocurre, los ritmos de las personas son distintos, las formas de abordar, por ejemplo, las relaciones con otros lo demuestran. A veces conocemos a una persona y creemos conectar tanto con ella que nos apresuramos a abrir nuestro corazón, queremos ser su amigo, necesitamos de forma casi repentina saber de esa persona todos los días pero nos podemos encontrar con que esa persona no lo sienta igual, es muy probable que el ritmo de crecimiento de su amistad sea más lento, a veces desesperadamente lento para lo que nosotros necesitamos.

Yo suelo ser de los lentos para los temas de la amistad y de la confianza, lo reconozco abiertamente, he sido muy lento en algunas ocasiones, tan lento que he llegado a perder a personas que comenzaban a ser muy importantes en mi vida. Incluso tan lento que sé positivamente que he llegado tarde a la amistad o incluso a algo más, cuando ya el tren había partido y como casi siempre ocurre con los trenes que vuelven, si es que vuelven, nunca son los mismos, rara vez coinciden, ni siquiera se parecen.

Mis numerosas decepciones personales y mi exasperante sensibilidad me convirtieron en una persona desconfiada hasta tal punto que incluso, cuando una chica se me colaba en mi corazón de manera incontrolada, mi mente actuaba como freno, mis razonamientos me impedían avanzar con mayor rapidez por el puro miedo a la decepción o al engaño. ¡Craso error!, con el tiempo percibes que aunque puede ser una reacción lógica por la experiencia, los seres humanos aprendemos conductas en base a la experiencia vivida, dejamos de vivir con mayor plenitud por no arriesgar, por no acelerar nuestro paso para caminar al mismo o parecido ritmo de la otra persona. A esto también se le puede llamar “envejecimiento”.

Hace tiempo aunque no demasiado percibí este pensamiento y ahora, como quizás resulte obvio por mi línea argumental, lo veo de otra forma. Ahora soy consciente que tengo que acelerar, que no debo tener miedo a vivir, no espero mucho y todo lo que llegue lo debo tomar como un regalo de la vida y de las personas que me rodean y a las que intento seguir.

Ahora mis ritmos cambiaron aunque aún no todo lo rápido que hubiese sido necesario, comencé a arriesgar algo más, a intentar vivir con el lema de “a vivir que son dos días”, hasta que volví a frenar en seco y caí en una profunda depresión. Es como volver a empezar de cero, es como volver a creer sin tenerlas todas conmigo, es volver a acelerar el paso aunque crujan las piernas, y estoy en ello, pero algunos se desesperan, se hartan, no lo comprenden porque ni yo me comprendo. Soy lento y cobarde que en este caso son sinónimos pero lo único que ahora me consuela es que lo sé y lo comprendo, que entiendo mi problema y que aunque pueda parecerlo no estoy a gusto con el, ¡qué no! ¡que no me miro al ombligo por muy ‘salao’ que lo tenga!

Hoy por hoy vigilo mi paso y procuro que mi circulación por la vida no sea en bicicleta cuando otros van en coche. Si una persona merece la pena mis pasos, al igual que mi corazón tienen que acelerarse y aunque reconozco que aún soy desesperadamente lento mis ritmos comienzan casi imperceptiblemente a cambiar, estoy cogiendo carrerilla….y a vivir, a vivir que son dos días porque ¡qué leches! la vida sin riesgo no es vida.

Vamos a ver cómo consigo aplicarme el cuento…


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