Ponga una Marieta en su vida

Y hay mujeres con las que no aciertas, o llegas tarde o simplemente no llegas y a pesar de los intentos sobrehumanos por encantarla con tus encantamientos siempre, al final, se te queda una cara de Gilipollas de estas de “que me trague la tierra por dios”.

La Mandrágora - 1981

Este disco me acompañó toda mi juventud, se grabó allá por 1981 cuando lo que luego se conoció como la “movida madrileña” comenzaba sus primeros pasos hacia la historia de Madrid y de la música.

Grupos como “Los Secretos”, “Nacha Pop”, “Alaska y los Pegamoides”, “Kaka de Luxe”, “Los Elegantes”, “Aviador Dro”, “Tequila”, “Ramoncín”, “Tino Casal”, “Loquillo”, “El Último de la Fila” y tantos otros grupos y cantantes para la historia.

Programas de TV que fueron un hito en aquella movida como “La Bola de Cristal” o “Si yo fuera presidente” del famoso presentador Fernando García Tola, todo un innovador televisivo de la época que nos trajo a los ojos de la fama a una fantástica Carmen Maura. Hay tantas cosas que no podría resumirse con un post, haría falta un libro para hablar de aquella época de música, alcohol, drogas, excesos, idealismo, manifestaciones y todo con sabor a nuevo y a auténtico. Por cierto, no me puedo olvidar del mejor alcalde que ha tenido Madrid en los últimos 500 años, Enrique Tierno Galván, nuestro profesor. Todavía recuerdo ir en el metro al instituto y leer sus famosos “bandos” llenos de cultura y de “movida madrileña”.

Pues bien, en aquella época nacieron para la historia de la movida madrileña unos incipientes Javier Krahe (30/03/1944), con su voz grave y de gesto circunspecto, satírico donde los haya, Alberto Pérez (n.p.i. de su fecha de nacimiento), un encantador de serpientes con su voz al más puro estilo “scat” madrileño y Joaquín Sabina (12/02/1949), un cachondo mental y vividor con alma de poeta. Formaron ese mítico e irrepetible grupo conocido como La Mandrágora, que llenó los bares de la época, las fiestas de universitarios casi recién liberados de una larga y oscura dictadura, las vidas de unos jóvenes que nacimos en la censura y que agarramos con locura la recuperada libertad.

Ese ‘movimiento’, por algo lo de “movida” madrileña, me cogió con apenas 17 años de vida, apuntito de mi mayoría de edad, apuntito de muchas cosas, algunas se quedaron en el ‘apuntito’, entre ellas alguna Marieta que me dejó una cara de gilipollas que ni os cuento, pero ¡quién no se ha topado en su vida con alguna Marieta!.

Yo también tengo las mías, mis Marietas, mis primeras estampaciones contra la pared, mis primeras y no últimas caras de ‘panoli’. En fin, quien no tiene una Marieta en su vida, ¡hostias!, entonces es que no tiene vida.


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