Sentimiento de culpabilidad

La culpa por los condicionamientos sociales

La primera vez que se percibe que hay cosas que están bien y otras que están mal es cuando se comienza a sentir el “sentimiento de culpa”

Semanas atrás leí en El País un artículo muy interesante sobre este tipo de sentimiento. Un niño, cuando rompe un jarrón con el que no debía jugar, no siente miedo sino que por la actitud con que se le riñe comienza a saber lo que debe sentir, aquí se unen la “emoción” más la “cognición”.

Me llamó mucho la atención porque el sentimiento de culpa no viene de fábrica, es decir, no nacemos con él, es una forma de sentir aprendida, derivada de los condicionamientos sociales. Nacemos con un ‘paquete evolutivo’ de emociones básicas como el miedo, la tristeza, la alegría, etc., pero el sentimiento de culpa se va asociando a nuestro sentir a medida que la sociedad nos lo enseña.

Emocionalmente vamos aprendiendo una especie de código ético universal con el cual podemos distinguir entre el bien y el mal, este aprendizaje nos condiciona porque en algún momento sentirnos culpables nos ha servido para algo y de manera imperceptible arrastramos un sentimiento de culpa un tanto absurda pero que no sabemos cómo evitarla.

Y es cierto, nos enseñan qué está bien y qué está mal, la importancia del éxito o el fracaso, y más allá de los comportamientos naturales aprendemos las consecuencias que se pueden derivar si nos salimos de los condicionamientos sociales por lo que queda claro que para que exista culpa debe existir un culpador, una especie de legislador de la conducta que determina lo que está bien y lo que está mal. Esto llega a condicionar tanto al ser humano que actuamos para no sentirnos culpables, no por convencimiento, no por voluntad propia sino por evitar el sentimiento de culpa.

La religión sabe mucho sobre crear pautas de conducta que creen este sentimiento en el caso de la no observación práctica de esas reglas conductuales.

Pero creo que no hay nada peor que el sentimiento de culpa que nosotros nos marcamos, en ocasiones somos los más duros, los que más nos exigimos y aquí entra en juego la auto estima, si esta es baja el sentimiento de culpa tiene todas las posibilidades de ser muy alto.

Me he sentido culpable por no querer como otros esperaban que quisiera, me he sentido culpable por perder a alguien al intentar actuar tal y como soy, me he sentido culpable incluso de situaciones que no dependían de mi voluntad pero que por su reiteración han provocado que la auto estima se hunda completamente.

Tenemos que aprender a querernos, a querernos lo suficiente para luchar contra este sentimiento y lo que es más importante, tenemos que aprender a ser nosotros mismos y luchar contra los condicionamientos que pautan nuestra vida. Es muy fácil saber esto pero hay tantos condicionamientos que en ocasiones no los percibimos y ahí está el sentimiento de culpa, aplastando nuestro ánimo y dejando bajo mínimos el amor propio que debiera imperar en nuestra vida.


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