Ya no queda el silencio

Ya no queda el silencio

Ya no queda el silencio, que es lo que debería  quedar, solo hay orgullo, absurdo y estéril orgullo, lleno de recelo, de venganza muda, de indiferencia calculada y quizás de miedo.

A la vuelta de una sonrisa, desprecio, al saludo, indiferencia, la moneda de la apatía que paga con miseria el cariño, la ofensa de la ingratitud que maltrata los buenos recuerdos vividos.

A veces quisiera no sentir, no querer a quien no sabe querer, no apreciar a quien con ingratitud devuelve silencio, indiferencia y ausencia.

No se trata de esperar, no es cuestión de recibir pagos cuando no hay nada que pagar, cuando ya los caminos van infinitamente separados, pero un guiño no hace daño, una sonrisa no menoscaba nuestro orgullo, no nos hace débiles, en todo caso humanos.

No quisiera sentir como siento porque realmente no quedan ni las ascuas del que fuera un fuego cálido y descontrolado pero nunca supe cambiar los rescoldos por hielo, en todo caso quedan las cenizas que con la naturalidad del respeto se van dispersando por el tiempo que las aleja a ráfagas inexorables de un tranquilo viento.

Ya no queda el silencio, que es lo que debería  quedar, tan solo queda el injusto y frío desprecio, más allá de la razón, a las puertas de un absurdo miedo.


Anuncios