Corazón muerto

Se mueren mis sueños, se hunden en el abismo más profundo de la impotencia y aunque aún intento zafarme de la losa de mi desdicha, de las piedras de mis errores, de las montañas de mis carencias, ya no siento fuerzas y mi cuerpo se hunde para siempre en el agujero negro de la inexistencia.

Lo he intentado, quien tiene que saberlo lo sabe, quien quiera entenderlo lo entenderá, lo he intentado con todas mis fuerzas, es verdad que alejándome de los que quiero para no arrastrarlos a ninguna desdicha, para no apenarlos, para no frustrarlos y para no sentir la vergüenza que siento ante una amistad tendida con guantes de seda y recibida con miedo y lágrimas, ante un amor más allá de los intereses y abrazado con las espinas de mi  mal humor y de mis miedos, con la desgana de mis complejos, con la muerte de un ánimo moribundo y casi enterrado.

Ya no puedo más… ya no quiero seguir, el mundo se me hizo grande y nada de lo que quise conseguí, y el amor de mi vida, sí, mi amor, el único motor de mi vida, se apaga lentamente,  se hunde poco a poco sin poder evitarlo, ¡me siento tan inútil!, ¡tan fracasado!.

¡Tengo miedo! ¡mucho miedo!

Me bajo del tren, este trayecto ya no me pertenece…, vegeto en medio de un mar de vivos que no perciben que ya estoy muerto, solo falta cerrar mis ojos y dejar de respirar para siempre.

El tren se ha ido, mi barco se ha hundido, mi corazón ha muerto.

¡Tengo miedo!, mucho miedo.

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