¡Qué bonito es el amor!

Esta imagen se titula "Lágrimas de Eros"...¡como para que no se le salten a uno las lágrimas...¡Toda una diosa!

Cómo contenerme y no hablar del amor en el día que es la ante sala del “día de todos los días”, no me refiero al día del desembarco de Normandía, ¡dios me libre!, no, me refiero al día por excelencia, el día en el que todos recuerdan que se quieren mucho, el día en el que el amor florece, el día en el cual las mujeres esperan ansiosas el detalle de amor de sus enamorados y el día en el que ellos corren desesperados a la primera perfumería que encuentran para regalarles el detalle de amor que habían olvidado por completo durante todo el año anterior.

Y es que es tan bonito el amor que hay para todos los gustos. El amor que espera y solo siente angustia y desazón, por no llamarlo amargura, el amor que comparte, al sentir que todo lo que se tiene pertenece a un ente entre lo desconocido y maravilloso llamado pareja, el amor solitario que utiliza la mano como única compañera de noches frustradas, el amor rutinario que escapa muy de cuando en cuando de la costumbre para darse un festín de sensaciones que solo duran unos breves instantes, y así tantos tipos de amor, quizás como tantos  seres humanos hay en el mundo.

Pero yo no voy a caer en el error de intentar definir el amor. Hace tiempo escribí un post al respecto y en mi humilde reflexión llegué a la conclusión que el amor no se define, se siente, algunos más que sentirlo lo padecen, pero el amor en general se “siente”.

No obstante si nos empeñamos en definir el amor no hay nada como recurrir a los griegos, expertos amantes y filósofos de la vida y por lo tanto del amor.

Eros, todo un machote

El amor tenía para los griegos un significado especial, de hecho utilizaban varios términos para hablar del amor. Si nos referimos al sexo como hacer el amor ellos, los griegos, utilizaban la palabra “Eros”, en honor al dios del sexo, el dios de la atracción, del amor. A este dios se le llamaba también el dios de la fertilidad por eso la tradición herededa de confundir el sexo con el “hacer hijos”. ¡Qué lindo es follar, digo amar, sin necesidad de tener hijos!

Eros o Cúpido, este último según la tradición romana, se refiere a ese amor físico, de atracción entre dos cuerpos que se buscan, se rozan, se sienten y se presienten y se fusionan en una mezcla de deseo, pasión y sentimientos. Expresiones como “estoy berraco”, “estoy palote” o “madre mía que sudores tengo”, definirían el estado del macho cuando está afectado por el virus “Eros”.

Ellas emplean frases más sutíles como “tengo un poco de calor”, mientras te miran a los ojos clavando sus pupilas en las tuyas comenzando a desabrocharse la blusa. Podríamos afirmar que “Eros” es uno de los virus más virulentos en el complicado mundo del amor.

Otra acepción de los griegos para el amor era la expresión Ágape, y no estoy hablando de temas culinarios, el amor Ágape se refiere al amor más altruista, a la ternura, hospitalidad en un grado superlativo, el cuidado por la persona amada. Es un amor más espiritual y por lo tanto menos relacionado con el físico.

Otra acepción es “filos”, este se refiere a la amistad. Si Ágape se puede traducir del griego como amar, filos no tiene ese significado tan exácto y se refiere más a querer, es como un grado menor, el grado que se tiene por un amigo.

En fin, ¡enhorabuena a los premiados! quiero decir ¡a los enamorados!. Mañana es su día y solo me permitiría dar un sencillo consejo, no intentar definir el amor. En aquel post que escribí allá por el siglo XII después de cristo concluí:

“Nunca supe definir el amor pero es que cuando lo intenté me dí cuenta que fui un pretencioso soñador y quizás también soberbio por sobreestimar mi capacidad para definirlo, para siquiera contenerlo con palabras. Y ahora que reflexiono nuevamente sobre el amor vuelvo a la misma conclusión que he sentido siempre, que el amor no se define, que no está contenido en las palabras, que los poetas son simples carteros de mensajes interminables que fracasan en el intento de lograr su objetivo ahogandose en la orilla de la utopía, que el amor no se explica, que el amor simplemente se siente, se padece como una enfermedad aguda con aspiraciones a ser crónica y que cuando nos agarra fuerte en el corazón, no queremos ni médico ni medicinas ni remedio que nos saque del sueño imposible de la locura…la locura del amor.

Amor, amor, amor y solo amor, cuatro letras lo sostienen, con solo una palabra le alcanza,  y con toda seguridad, es más que suficiente”

Y no podía terminar este post sin música. Una canción de Pablo Milánes titulada “El Breve espacio en que no estás”, dedicada al amor más intenso, al amor que espera y que no pide nada a cambio, al amor soñado, al amor idealizado, una canción de un amor que nos deja sin aire sino está.

Y por último, no quería dejar de lado a aquellos que en estos días, quizás más que en otros, sienten la tortura del desamor, del amor que se acabó, del amor que murió y quedó en cenizas. “Amor se llama el juego”, su autor, el maestro Sabina.



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