DESEO

“Buscando lo que deseo voy perdiendo el deseo de lo que busco”.


Y ocurre a menudo que deseamos con tanta fuerza que ni medimos ni sopesamos el auténtico valor de lo deseado, pero ahí está el deseo, fuerza que mueve voluntades, energía que genera inquietudes en el corazón, necesidad que crea ansiedad, angustia y pasión, el deseo como veneno cuando este no se lleva a cabo y se estanca como una obsesión.

Sobre el deseo se han dicho muchas frases que nos llevan a pensar, por ejemplo, la frase que muestra el deseo como el motor que hace que la vida valga la pena:

“Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida merece la pena” (Paulo Coelho)

Frases que hablan del deseo disimulado:

“A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear” (Marcel Proust)

Frases sobre el amor y deseo, a veces iguales, otras excluyentes:

“Amor y deseo son dos cosas diferentes, que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama” (Miguel de Cervantes)

El deseo como fuerza ingrata que nos hace perseguir lo que no tenemos:

“Nuestro deseo desprecia y abandona lo que tenemos para correr detrás de lo que no tenemos” (Michel Eyquem de Montaigne)

La inquietud por culpa del deseo:

“Si el hombre alcanzara la mitad de los deseos que tiene, redoblaría sus inquietudes” (Benjamin Franklin)

El deseo y el inconformismo:

“Lo mucho se vuelve poco con sólo  desear un poco más” (Francisco de Quevedo)

Y lo peligroso del deseo:

“Todo deseo estancado es un veneno” (André Mauoris)

Deseamos y deseando tanto, deseamos el todo, a veces para terminar por no apreciar nada.




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