De aquí a la enternidad

Porque me siento dormido y con el alma muy lejos,  lejos de la vida que no entiendo, lejos de cualquier parte, perdido en cualquier lugar, con el corazón agotado de tanto latido sin sentido.

No me importa estar lejos cuando lo que siento es que no hay nada de lo que alejarse, porque nada ni nadie me pertenecen, porque nada ni nadie me espera y la lejanía se convierte en relativa cuando no existe nada de lo que separarse, tan solo de uno mismo, de su vida, de su pobre cosecha de girasoles muertos, que ya no miran al sol, que ya no levantan cabeza como no la levanto yo.

He sentido miedo, miedo de no reír, miedo de no sentir, miedo de no saber seguir, miedo de no soñar que es tanto como no vivir.

A veces no siento nada y me imagino lejos de cualquier lugar, volando entre valles y montañas, acercándome a la brisa de un lejano y apacible mar. Es como si estuviera lejos, lejos de cualquier lugar mirando hacia quién sabe dónde, formando parte del pasado, volando solo de aquí a la eternidad.


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