De compras

De compras

Hacía mucho tiempo que no me compraba ropa, más tiempo del que me atrevo a decir, tanto que en estos momentos, sería incapaz de decir cuándo fue la última vez que lo hice y qué me compré en aquella ocasión, por lo que quizás hoy pueda afirmar con rotundidad que he realizado algo inédito y especial en mis últimos tiempos.

No es lo único que resultaría inédito en estos momentos, tomar una cerveza o salir por la noche es todo un acto novedoso para mis costumbres casi monacales de esta etapa de mi vida.

Por elección, por necesidad, por carencias de distinto tipo, por cosas de las que no me apetece escribir, el caso es que hoy resulta especial y más cuando lo que me he comprado ha sido un pantalón vaquero y una camisa a juego.

Al entrar en la tienda ha sido como entrar en medio de un hábitat casi desconocido para mí. Mis ojos no eran capaces de centrarse en tanta oferta, sobre todo teniendo en cuenta que la demanda, la mía, era limitada, más limitada de lo que yo quisiera pero las circunstancias mandan.

¿Qué pantalón elegir? ¿Ese moderno que tanto me llama la atención? ¿Aquel de corte más clásico que me gusta pero que me ‘dice’ menos?, de repente me he dado cuenta que esos pantalones que llevaba el dependiente, un chico de no más de veinte años con unos brazos de gladiador impresionantes no eran para mí. Me gustaban, me parecían “chulis” pero su cuerpo no es mi cuerpo y es que los años mandan más en lo físico que en lo mental.

Mi mente se dirige a lo que le gusta y no tiene edad, mi cuerpo ante el espejo me grita que ya no soy un chaval.

He optado por no desentonar, raro en mí atendiendo a cómo soy o cómo era en otros tiempos pero hoy he salido de la tienda con la sensación de haber perdido un poco de libertad, nadie me la ha quitado, me la he negado yo solo y no me ha gustado.

Por cierto, también me he comprado unos calcetines… ¡qué dispendio!

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