Canción para una ducha

Hombre cantando en la ducha


En pelotas, el agua cayendo por la cabeza y cubriendo todo el cuerpo. La espalda erguida, nunca más recta que cuando uno siente el agua tibia, tirando a fría mojar hasta el espacio más recóndito del cuerpo.

¿Qué tendrá la ducha que uno se desinhibe y pierde el sentido de la realidad?, en ese momento, no importa la edad, ni las convicciones religiosas, políticas, sociales, futbolísticas, etc. uno comienza a mirarse el cuerpo casi en un estallido de admiración descontrolada.

Eso no es un michelín, eso es un músculo. ¡Qué va a ser eso una tripa! es un estómago recio y duro, capaz de soportar golpes. Y no hablamos si miramos más abajo: ¡qué macho!, ¿el tamaño?, el justo, el adecuado, el que ni sobra ni falta, en la media pero con algo especial, mi particular estilo amatorio, ¡cómo me muevo!…

Y en pleno éxtasis de pasión por nuestro cuerpo una inspiración divina nos hace sentirnos divos de la música y se produce uno de los mayores errores en las relaciones de pareja que es cuando él, ensimismado en su belleza varonil,  canta por primera vez desde la ducha, creyéndose Pavarotti y ella, incrédula, con los pelos casi de punta se dice así misma, “dios mío, ¡pero qué es esto!”. Suele ser de los primeros chascos en la relación de pareja y es que encima no me canta una de Juanes, no, se me pone en plan Tenor de los cojones y venga a impostar la voz lanzando gallos al cielo que ni el propio Gallo Claudio en sus mejores tiempos.

¡Ay los hombres! si es que nuestras madres nos intentaron convencer que éramos tan buenos en todo que podríamos cantar la oda al universo si se nos ponía en los “reales sitios”.

Mujeres del mundo, ¡Uniros!, TODAS CONTRA LA CANCIÓN EN LA DUCHA. Os sugiero que en cuanto se ponga a cantar en la ducha llaméis al teléfono de la SGAE, vereis cómo pagando se le quitan esos aires de grandeza. “Poderoso caballero es Don Dinero”.

¡Dios nos libre!…, por cierto, voy a ducharme que la Donna é mobile me ha recordado que estoy hecho todo un machote.

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