Los sueños de mi razón producen miedo

 

Amor y deseo

Tengo miedo a soñar y a soñarte empiezo y las alas de una mariposa dorada convierten lo sencillo en impredecible y fugaz. Nada permanece, excepto lo sueños y de tanto permanecer en el tiempo a veces cuesta salir a la vida para convertirlos en realidad y hacer de las nubes algodón de azúcar tan dulce como tu beso soñado, tan real como tu pelo de brillante y resplandeciente sol.

Mi razón de porcelana resquebrajada se derrumba sobre cualquier atisbo de hacerte realidad. Mis sentidos, ya agotados por una lucha infructuosa desmayan de cansancio ante una guerra que pareciera no poder ganar. Pero me agita el deseo, más allá de la razón, en mis sueños más recónditos perdiéndome en el calor de tu boca y mordiendo cada rincón de tu cuerpo y siento que tu piel vibra y se turba de emociones húmedas de frenesí descontrolado,  sueño con tu boca y me pierdo entre tus pechos sintiendo tus piernas sobre mi espalda abrazándome con el deseo más intenso, lascivo y terrenal, humano y sincero.

Allá en el olimpo del deseo nuestras lenguas se saborean sin pudor y sin remedio. Se buscan y se necesitan, se atan y deslían con el ritmo de nuestro sexo, con un amor tan ardiente que dibuja rayos de sol naciendo de nuestros dedos.

Y los sueños se alumbran con el paso del tiempo, luminosos y serenos, oscuros y agitados, porque los sueños de mi razón no producen monstruos no, solo producen miedo.

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