¡Tiempo al tiempo!

El tiempo en nuestras manosLlevo  tiempo pensando en el tiempo, sí, me explico. Debo estar haciéndome mayor porque cada día que pasa soy más consciente de lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando aún estaba celebrando las navidades (lo de celebrar es un eufemismo)  y ya estamos en el verano, con los calores,  y digo yo, que un verano sin playa o sin montaña de larga duración ni es verano ni es nada pero, en fin, la crisis manda y mi crisis particular mucho más, ¡pedazo crisis!


Con el “tiempo” (maldita palabra) te vas dando cuenta que lo que hoy no hagas es una oportunidad perdida y la verdad, se han escapado tantas oportunidades como días tiene la vida. ¿La vida de quién?, la de cualquiera pero podemos tomar como tiempo de cálculo el tiempo de mi vida. Teniendo en cuenta que tengo treinta y dieciséis tacos del ala, ¡vamos, un chaval!,  si todos los años tienen doce meses, que hasta donde yo sé siempre ha sido así y si no que se lo pregunten al Papa Gregorio XIII que tan buen calendario dejó hasta nuestros días,  y que cada año tiene 365 días, así por encima, sin mucho cálculo mental, entre otras cosas porque lo he hecho con una calculadora solar CASIO, llevo 16.790 días sobre la faz de la tierra, ‘total na’ y francamente, me parece una triste ‘mierda’ de tiempo, por algo tengo la sensación que no acabo de comenzar a vivir cuando la pendiente de la vida se torna cuesta abajo. Teniendo en cuenta que de esos 16.790 días he pasado 547 sumido en la oscuridad más absoluta, he perdido un 3,2% de mi vida en el averno de la mente.

Ni que fuera matemático o me gustaran los números y nada más lejos de la realidad, yo en matemáticas era una calamidad,  y sin embargo estos son los números, que vistos así, es decir, fríamente, pues me dejan con la idea de que vivimos ‘na’ y menos.

Y cuando pienso en el tiempo pienso en expresiones como “ganar tiempo” y ¡vaya tela!, me pregunto ¿se puede ganar tiempo al tiempo?, ¡imposible!, nunca se gana tiempo entre otras cosas porque resulta complicado añadir algo que no se posee,  en todo caso se puede evitar malgastar el tiempo, aspecto este último que sucede muy a menudo en nuestras vidas, y la mía, no podía ser menos. Si por el ansia de ganar tiempo al tiempo, frase hecha pero yo creo que mal planteada, conseguimos simplemente realizar proyectos “en tiempo”, de alguna forma nos estamos engañando, creyendo que hemos ganado horas o días a nuestra vida  y en realidad solo hemos conseguido consumir tiempo aunque, eso sí, bien aprovechado.

Hace veinte años que tengo veinte años (J.M. Serrat)El caso es que hay tantas cosas que parece que fueron ayer que me resulta sorprendente que hayan pasado tantos años, como cantaba el bueno de Serrat, “hace veinte años que tenía veinte años”. Cuando me he encontrado a algún personaje de mi pasado mucho tiempo después, le suelo soltar la maldad de “¡joder tío!, hace veinte kilos que no te veía”, ¡jamás le diría eso a una mujer aunque esté entradita en carnes! En fin, en mi caso podrían decir lo mismo sin equivocarse mucho pero yo me adelanto a la maldad porque el que da primero, da dos veces, o al menos eso dicen.

Y sin embargo, curiosamente aunque muchas cosas que han pasado parece que fueron ayer, no deja de asustar la cantidad de años que hemos consumido. Parece que fue ayer que me casé y ya estoy divorciado y, por cierto, ha pasado ya una década y no prodigiosa precisamente. Mi madre murió hace cinco años y hay ocasiones en que me parece que ha transcurrido un siglo, como en otros momentos la carne se me abre y el dolor y la extrañeza se apoderan de mi mente trayendo al presente un pasado  doloroso como si acabara de ocurrir.

Ayer escribí a una ex amiga, yo la sigo considerando amiga, al menos la quiero mucho pero al igual que dos no pelean si uno no quiere pues más o menos dos no son amigos con que uno no quiera, no obstante, aunque las personas se alejen por las razones que sean, tengo la buena o mala costumbre de quedarme con lo bueno de aquello que  hayamos compartido, por eso no puedo dejar de quererlos si en otros tiempos los quise.

Mientras la escribía iba siendo consciente del montón de tiempo que había pasado desde la última vez, si es que a cuatro años podemos llamarlo mucho tiempo, y lo es según se mire, porque durante cuatro años ocurren muchas cosas y los caminos pueden separarse tanto que lo único que queda son los recuerdos. La escribí porque, casualidades de la vida, me enteré que algo muy bueno le ha ocurrido y aunque ella no tiene ninguna intención de compartirlo, quise escribirla para felicitarla y mostrarle mi felicidad ante su presunta felicidad.

En fin, ahora estoy más viejo, tengo canas, pocas pero ahí están, ya no aguanto fines de semana intensos como hace veinte kilos, perdón, años aguantaba. Este fin de semana pasado estuve haciendo de camarero en las fiestas de un pueblo de la Sierra de Madrid y a día de hoy sigo medio en coma… ¡cómo se estropean los cuerpos dios!

Pues eso, que el tiempo pasa, vuela, corre y en muchas ocasiones nos atropella. Se suele decir aquello de que el paso del tiempo es “inexorable”, es decir, y para que todos los entendamos mejor, el tiempo pasa irremediablemente y el problema no está en que pase, que también, el verdadero problema, la verdad más absoluta de todas es que termina acabándose y ese es, al fin y al cabo, nuestro destino… y si no, ¡tiempo al tiempo!
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