Sobre las inquietudes y sus efectos

Tengo la impresión que las “inquietudes”, activan las ideas y el espíritu, ¿será que estoy enamorado?, ¡vaya usted a saber! pero me parece que estoy inquieto intelectualmente y sentimentalmente y esto, de alguna forma, activa mis endorfinas. No obstante no me explico cómo con tanta facilidad puedo pasar de un optimismo controlado, ¡vamos! que tampoco es que esté bailando encima de la mesa del curro,  a una tristeza serena pero profunda, es decir, sin dramatismos. Esto parece como el champagne, sube y sube con una rapidez endiablada pero luego baja la espuma y se diluyen las burbujas con una velocidad análoga. Lo malo de todo esto es que ocurre sin que casi nadie a tu alrededor lo perciba, siempre hay que mantener una apariencia de estabilidad y seguridad en uno mismo para “aparentar” que ‘somos los mejores bueno y qué’, pero ¡qué soledad tan profunda se siente!

¡Puñeteras hormonas!, para que luego digan que los hombres no tenemos nuestro particular periodo o menstruación mental y anímica. Hombres y mujeres somos iguales pero disfrazados, cambia el envoltorio, quizás lo que nos aleja es esa necesidad de atraernos, el juego de la atracción que implica que no digamos toda la verdad, ni mostremos en todo momento nuestras cartas por aquello de hacernos valer, parecer más interesantes y conseguir atraer la atención del otro sexo o del mismo, en caso de ser homosexual.

El sábado y domingo pasados estuve bien, optimista y seguro de tener opciones sobre algunas cosas que a todas luces resultan improbables, (no daré detalles que luego todo se sabe), pero luego el lunes y ante acontecimientos externos cundió mi desánimo e incluso en algún momento, la ansiedad. Y si alguno se pregunta a qué ansiedad me refiero, sí, es a esa, a la mala, es como un embotamiento total de la mente, una gran incapacidad de pensar, se produce un zumbido en la cabeza como si tuviera un panal de abejas revoloteando por mi neurona, tengo sudores y me cuesta respirar. Es una sensación horrible, te sientes incapaz de realizar cualquier simpleza como, por ejemplo, levantar una simple hoja de papel.

No obstante y a pesar de parecer un trozo de carne con ojos, mi voluntad y mi determinación a no dejarme arrastrar al fango del desánimo absoluto me ayudan a tomar medidas. Salí a correr, como los cobardes, como si huyera de mi mismo, pero corrí y corrí al más puro estilo Forrest Gump. Me pesaban las piernas, sentía como si las rodillas no me sostuvieran pero al final lo conseguí y poquito a poco, calmando la respiración y pensando en aquello que me motiva conseguí soltarme de los brazos tenebrosos  de una depresión pasajera.

La verdad que me estoy haciendo un experto, de tanto practicar creo que ya puedo doctorarme en “cómo comenzar a hundirse y salir a flote casi sin mojarse”. Dicho así parece fácil, pero no, para quien lo pasa, sabe perfectamente lo duro y complicado que es.

Mi amigo “Escarabajo” siempre me dice eso de la “actitud”, esto es, ser positivo, no ponerse límites y dejarse llevar sobre todo por el corazón y los sentimientos, y no le falta razón, al final es la vida la que te pone en tu sitio. Merece la pena intentarlo por muy improbable que sea, a ver si luego me va a doler más no conseguir por no intentar que perder después de haber luchado.
¡Claro!, la frasecita suena estupendamente pero no hay que olvidar que uno se desgasta. Si llegado el caso (es un ejemplo, no seáis mal pensados y usar vuestro discernimiento) me enamoro de alguien de quien cuyas circunstancias hacen muy difícil, por no decir imposible, que se enamore de mi y, por aquello de seguir el lema “el amor no tiene límites, ni edad, ni fronteras” lo intento y me llevo un chasco, ¡joder!, ¡es que duele un huevo!, a ver, que soy un romanticón y puedo salir con el corazón destrozado y por los suelos.

Me gustaría conocer a los capullos que hacen esas mega frases casi oníricas, ‘es pa metérselas por el culo y echarles al mar con una rueda de molino al cuello’, al final solo definen los sueños de una gran mayoría, y solo unos pocos, muy pocos, los alcanzan, deben ser aquellos que hacen honor a otra frase muy conocida: “La excepción es la que confirma la regla” o dicho de forma más prosaica, “chaval, que no, que no puede ser y si otro lo consiguió fue para que sepas que la mayoría, ná de ná”.

Y toda esta parrafada para decir que estoy inquieto, ¡en fin! La verdad es que esta inquietud de alguna manera me motiva, a veces agota, pero me mantiene despierto, con objetivos, y quien no tiene un propósito en la vida comienza a morir, ¡vaya!, otra frasecita estereotipada, no, si al final el que tenía que tirarse al mar debería ser yo.

Mi admirado Forrest, hasta ahora en lo único que puedo imitarte es corriendo, pero todo se andará.

Anuncios