La mirada perdida

  • Entonces ¿ya salieron los resultados?
  • Sí, contestó el doctor con un apático monosílabo
  • Bueno, y ¿cómo han salido?, ¿están bien?
  • Los resultados están bien, todos los análisis son normales para una persona de su edad.
  • Luego no tiene nada y las pérdidas de memoria son por la edad y por su naturaleza nerviosa ¿verdad Doctor?
  • No, su padre tiene demencia senil…
  • Pero usted me ha dicho que los análisis salen bien
  • ¡Efectivamente!, descartan cualquier otro tipo de anomalía, especialmente del sistema nervioso, para eso se hace esta prueba lumbar. Con las próximas pruebas determinaremos el grado y tipo de demencia pero tenga en cuenta que esta enfermedad no tiene tratamiento, es degenerativa e irá a peor.

La frialdad con que el Doctor me comunicó la noticia como si fuera lo más normal de escuchar un lunes por la mañana no fue lo que más me impresionó, fue el hecho de constatar que estando mal aún se podía estar peor.

El médico, estrecho de hombros, con mirada entrecruzada y con evidentes rasgos de loco de laboratorio era incapaz de levantar la vista de los papeles mientras comunicaba la noticia.

Mi padre tiene demencia senil, es como morir en vida, es como perder la identidad aún respirando. Es entrar a un mundo de ruidos y sensaciones que no se pueden identificar, es mirar una cara y no reconocerla, escuchar una voz y no distinguirla de otras, es convertirse en un trozo de carne con ojos, ojos que no ven, que no conocen, que no entienden.

Temo el día en que no me conozca, en que no pueda saber quién es y dónde está. Su mirada débil, triste y envejecida se me clava en el alma haciendo sangrar mi maltrecho corazón.

Mi padre tiene demencia senil y hasta hoy no he podido escribir sobre ello, solo tengo clavada en mis entrañas, como una daga implacable,  su mirada perdida.

Anuncios