Pobres de espíritu

  • Bueno, hoy estarás de luto ¿no?, hoy se ha muerto tu líder, todos los que estáis ahí estaréis de luto…

La sonrisa burlona con que me lo decía no dejaba de sorprenderme y, la verdad, ya tengo una edad como para sorprenderme de la pobreza moral de las personas.

  • No, no estoy de luto, pero detecto en tus carcajadas y burlas que te alegras, ¿me equivoco?
  • No me alegro solo que pensaba que estarías apenados por la muerte de vuestro líder.
  • En fin, no te preocupes, no sea que te vaya a dar un ataque de tos de tanta risa, por cierto, (dirigiéndome a mi otra compañera), Lucía, ¿has tomado café?

Fue la manera en que decidí dejar esa absurda conversación, banal, burlona y repleta de desconocimiento, por no llamarlo ignorancia y también, por qué no decirlo, de absoluta falta de sensibilidad

 

Marcelino Camacho ( Líder sindical del sindicato CC.OO)

 

Se ha muerto Marcelino Camacho, un líder sindical que a finales de los años 60 del siglo pasado formó el movimiento sindical de “las Comisiones Obreras” y que hoy en día supone la organización con más afiliados en toda España, más que el Barça y el Madrid juntos y, por supuesto, más que cualquier partido político de hoy en día.

Hoy trabajamos 40 horas semanales si se cumple ley, no se trabaja los sábados excepto en comercios y siempre atendiendo a la jornada laboral legal de las 40 horas semanales. Los trabajadores tienen un estatuto que regula sus relaciones laborales con el empresario, los trabajadores además, tienen poder de negociación a través de convenios colectivos y capacidad de huelga, además de otros muchos más derechos que hoy en día los damos como normales, como algo que hubiera existido toda la vida.

Yo no he seguido nunca a líderes y la muerte de este sindicalista no me ha causado una pena especial, pero sí respeto, respeto por quien libró batallas contra la dictadura en favor de los trabajadores y fue encarcelado pasando 14 años entre rejas. Respeto por aquel que siempre fue coherente y defensor de sus ideales, sin enriquecerse lo más mínimo, bajando desde el principio al ruedo y jugándose la vida y el bienestar de su familia por los derechos de todos.

Una sonrisa llena de burla y de un trabajador no pegaba, al menos un silencio respetuoso y mirar a otro lado, como hace la mayoría.

España está llena de “pobres de espíritu” y en la lucha por los derechos de los trabajadores aún queda mucho por recorrer, aunque me temo que el mundo de ahí fuera no está mucho mejor.

 


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