Duele

Cuesta  explicarlo pero a veces el peso es tan insoportable que duele, en otros momentos el mundo a tu alrededor enmudece, un silencio denso e irrespirable se apodera de mí dejándome casi sin aliento y a la vez agitado, intranquilo y sin fuerzas.

Entro en mi cabeza desesperadamente buscando una explicación, arrojando con violencia todo lo que encuentro en mis cajones de los recuerdos…, y nada, no encuentro nada, ni el viento ni las lágrimas, todo está vacío, hueco, negro y carcomido por el tiempo.

Me encuentro solo pero no busco a nadie, aparece alguna imagen muy lejana y como queriendo alzar un mano en señal de auxilio, intento levantar mi alma… pero duele tanto que no puedo, y me encierro, y mientras me encierro siento como si comenzara a morir más deprisa, pasando del verano al invierno más frío y tenebroso en un abrir y cerrar de misterios.

Acudo a la noche como un refugio, un corta vientos, un escondite sagrado que me protege no sé muy bien de qué, quizás de mi mismo, quizás de mis miedos, de mis fracasos, de los silencios, de todas las ausencias y de tantos y tantos recuerdos.

Estoy agotado, mis ojos se cierran como tantas noches sin saber si volverán a abrirse y a encontrar la luz que hoy la vida me ha negado. Ahora solo quiero dormir, los latidos de los silencios sirven de canción de cuna en la oscuridad. Mañana volveré, mañana será, mañana …, mañana seré y mientras soy, el dolor de mi alma se traspapelará en medio de la calma

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