Las cosas de Papá

Mi padre sigue empeñado que no debo estar solo, siempre dice su frase: “hijo, un hombre no debe estar solo, una mujer es un mal necesario” Suele soltar ese chascarrillo machista y muy propio de su tiempo pero que en ocasiones tiene su gracejo, especialmente cuando se juntan abuelos viudos o con parienta  hablando de mujeres, y que tiene su igual y contrario en el bando femenino, o no, quizás ellas digan aquello de “hija, una mujer está mejor sola, un hombre es un incordio”.

“Anyway”, mi padre insiste en el tema siempre que su lucidez se lo permite, ahora cada vez menos. El pasado sábado se me ocurrió contestarle una tontería y le dije que yo no podía estar con ninguna mujer porque la única que me gustaba era la novia del portero del Real Madrid, sí, la besada públicamente Sara Carbonero, por lo que si no era ella no era con nadie. Mi padre, ni corto ni perezosa y con tono como si lo que dijera fuera en serio me dijo: “hijo, nunca se sabe, la vida da muchas vueltas” y como os está pasando a todos mientras lo leéis no pude evitar soltar una sonrisa. “Muchas vueltas tendría que dar la vida” le espeté, “fíjate que ella es guapa, famosa, rica y 20 años más joven que yo pero que además tenía a Iker Casillas como el mayor de todos los obstáculos”, no obstante y siguiendo con la broma le dije a mi padre: “papá, ¿sabes lo que te digo?, ella no lo sabe pero ella se lo pierde”, a lo que mi padre contestó con una sonrisa irónica impropia de una persona con demencia senil: “no hijo, el que se lo pierde eres tú”. ¡Qué jodío el tío!, y yo que pensaba que no estaría tan fino y sutil.

Hasta dentro de su nebulosa mental no pierde nunca esa ironía propia que le ha caracterizado. Que está perdiendo la memoria es un hecho que cada vez se hace más patente, por eso, cuando hablo con él todos los días le pregunto cosas sobre lo que ha hecho para ver qué recuerda.

Es curioso porque tiene memoria de sucesos pasados, incluso con gran detalle, pero es incapaz de recordar lo que ha comido hace una hora. Dicho en términos actuales, tiene ‘memoria histórica’ pero de lo reciente ‘na y menos’

Tomando café después de la charlotada sobre Sara Carbonero, que, por cierto, no tiene ni idea de quién es, me contó cómo conoció a mi madre y aunque hace mucho me lo había contado, esta vez le presté más atención imaginando la escena, acción propia de un pillo y ligón de la época. Por lo que me cuenta mi padre, refrendado en alguna conversación con mi tío, su hermano, mi padre era un ligoncete, presumido, hábil con el lenguaje para la broma inteligente y el chascarrillo. Un buen día, allá por 1952 mi padre andaba por el Pº de las Delicias de Madrid con un amigo buscando cómo acabar el día con alguna gachí, (menudo elemento tuvo que haber sido). Tal fue que decidieron acercarse por la verbena que había montada en la zona y rápidamente echaron el ojo a un par de gachís, una de ellas la que a la postre sería mi madre. Que mi padre, para quien lo conoce es un pícaro, no cabe la menor duda. No lo digo por faltar, es mi padre y aunque la relación siempre ha sido mala malísima mi educación me impide faltar al respeto a la figura de mi progenitor.

‘Con tó y con eso’ si tuviera que buscar una palabra para definir cómo mi padre se ligó a mi madre sería “cohecho o soborno”, es igual, llamémoslo como queramos. Resulta que mi madre estaba en un puesto de la feria disparando con una escopeta a esas figuritas que eran casi imposibles de dar, entre otras cosas porque tienen la mirilla apuntando ‘pa Cuenca’ y así es complicado. Pues mi padre, que ya había elegido a mi madre como la gachí a la que quería tirar los tejos,  llamó al feriante a un lado y extendiéndole algunas monedas, no recuerda la cantidad, le dijo: “a esa, cuando vuelva a disparar que le toque”, y dicho y hecho, le tocó y mi madre que ya había desistido de continuar intentándolo, decidió volver a probar ante la insistencia del feriante sobornado, para que milagrosamente acertara los disparos.

El resultado de todos es conocido, un tío que escribe en un blog 46 años después, bueno, ocurrieron más cosas entre medias, además tengo un hermano mayor, pero eso es otra historia.

Es curioso cómo cambia la perspectiva cuando ves que tu padre, con quien ha habido tantos enfrentamientos durante la vida ahora resulta que es como si fuera tu hijo y yo, que no he sido padre, ahora esté experimentado la sensación de tener que velar por un ser que no puede cuidarse enteramente por sí mismo. Nunca pensé que llegaría a ser padre de un niño de 81 años. Al final mi padre va a llevar razón: “hijo, nunca se sabe, la vida da muchas vueltas”, y mira que me jode darle la razón.

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