Oxímoron o el instante eterno de la vida

 

Podría decir que mi vida parece un viaje largo y efímero que se resume en instantes infinitos, en versos largamente cortos, en fríos nocturnos de envoltura cálida, de recuerdos olvidados, de olvidos siempre presentes, de música silenciosa, de soledad alborotada.

Creo que no sería el único que podría decir algo parecido sobre su vida. Todas las mañanas me despierto con el espíritu dormido,  y cuando llega la noche y mi reloj biológico me recuerda que tengo que cumplir con el manual de buenas costumbres y dormir, como la mayoría, eso hago, voy a dormir, pero con el corazón despierto.

Y es que vivo sin vivir en mí, una vida muerta, en la cual por mi carácter inquieto procuro correr y me apresuro lentamente, pidiendo permiso sin preguntar, suplicando perdón sin errar, en el fondo muchos somos unos fanfarrones de la humildad.

Y a la salida del sol la luz oscurece mi presente pero incomprensiblemente la oscuridad de la noche ilumina mi corazón, acortando el camino más largo y convirtiendo las distancias en cercanas impresiones, en presencias invisibles, en ausencias acompañadas, donde el amor se convierte en un “hielo abrasador”, en una “herida que duele y no se siente”

Mi vida es como cualquiera, una muerte vivida o una vida que comienza a morir, no es cuestión de pesimismo positivo ni tampoco de haber perdido las ganas de vivir, VIVIR MERECE LA PENA, por mucha pena que produzca, la vida es apasionante por fría y rígida que se presenta cada mañana. Nosotros debemos recurrir al absurdo para hacer de lo inexplicable algo comprensible y de la vida un instante eterno, una dulce amargura, un dolor regocijante, un vacío repleto de emociones, un silencio de ruidos constantes, un camino por el que continuar en búsqueda de la felicidad.

“Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!”

(Francisco de Quevedo)

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