Silencio

Y de nuevo se hizo el silencio, con sus misterios, con sus preguntas sin respuestas, con sus miedos. Un silencio lleno de amargura y de lágrimas secas, que mojan por dentro y queman por fuera.

Silencio misterioso, esperanza de sombra alargada que construye esqueletos de dudas, como naipes endebles  de la fortuna que se desploman con la misma facilidad que se sustentan con fortaleza efímera.

Una mirada que no encuentra su destino y se queda ciega de tanto escrutar y no descubrir, cristales agotados por la lluvia del desconsuelo. Los parpados, gastados por los años,  se cierran por la luz infinita de un vacío que nunca se llena, ante imágenes imaginadas, besos soñados, y palabras al viento que se pierden sin remedio.

Me dejo caer, como espíritu pesado a velocidad de vértigo en el abismo de la tristeza, porque te espero, porque te anhelo, porque te amo, porque te quiero. Más allá de mi vida, traspasando mi carne, en una metamorfosis entre el agua y el fuego, entre la tierra y la sangre, entre el alma y el cuerpo.

Agrietadas las venas, mi corazón seco, mis pulmones aplastados contra la espalda hundida de los recuerdos. Brazos caídos, palabras mudas en el tiempo que en medio de tanto ruido solo dejan pasar el silencio.

No estás, no somos, solo dos seres virtuales que se hablan en tercera persona, sin tocarse ni olerse, sin mirarse ni besarse, y se esparcen por el aire como polvo en el viento,  sin rumbo ni destino,  hundidos en un profundo y doloroso silencio.

 


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