Murió su sueño

 

Murió su sueño, murió, entre abrazos rotos y sonrisas apagadas… murió. El aliento se escapó con el sigilo de quien no quiere molestar, de quien nunca volverá, y murió, murió triste, murió solo, como si eso importara, ni a la muerte ni a los demás.

En vida se mezclaba entre versos luminosos, sonetos imposibles y palabras inventadas, definiendo el amor ¿acaso es posible?, en una guerra de sueños triunfantes en la imaginación de su alma. Fue un corazón fuerte, asombroso, fue una estrella en medio de la oscuridad de la noche, que hablaba con la luna y le brindaba su aurora boreal de los sueños inacabables, de las esperanzas inciertas, de los silencios que dicen más que las palabras.

Tragaba fuego y bebía de las mentiras de su corazón, porque todo era amor, amor del bueno, amor imposible, amor redondo y sentido, amor, simplemente amor. Y entre tanto soñar murió, fue su última mariposa que no llegó a volar en el desierto de las almas que no saben perdonar. ¡Cuánto dolor! ¡cuánta miseria!, fue lo último que sintió, más allá del mar del verano al que nunca pudo llegar. La muerte le dijo hola y él en medio de la nada y del silencio más brutal dejó de volar, quien sabe si alguna vez una llama encenderá el fuego que destruya su soledad.

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