La dignidad del hombre libre

Leyendo el post de un amigo mencionaba la frase “mi deber como ciudadano” al hilo de la idea sobre preocuparse o no sobre la política. En ese instante me pregunté ¿tengo sentimiento del deber como ciudadano?, es más ¿me importa?.

El año pasado participé por primera vez en la manifestación del 1º de Mayo, unos meses después en la Huelga General, incluso de manera activa, estuve de piquetes “informativos” en un polígono de Madrid,  y ¿por qué lo hice?, porque pensé y sigo pensando que solo con la movilización podemos cambiar las cosas, desde luego sentados vamos a cambiar pocas. Como diría Lotina “no es fácil”, pero ¿quién dijo que fuera fácil?. En realidad nunca apelé a mi deber como ciudadano, en todo caso no lo hice creyendo que España me necesitaba como tal, lo hice más por mi condición de hombre libre, que se niega a ser pisado y explotado por los poderosos, por mi propia dignidad, valor que lleva en crisis mucho más tiempo del que pensamos.

La semana pasada escuché la entrevista que le hizo Jordi Évole, el Follonero, a Iñaki Gabilondo y este último hizo una reflexión en cuanto a cómo somos los españoles, dijo más o menos que “somos una sociedad conservadora porque teníamos cosas que conservar”, de ahí nuestra escasa movilización y nuestra apatía, una apatía sabedora que lo que está ocurriendo no es bueno, pero pasiva y confiada en que se arreglará solo o por la lucha de otros. Y yo me pregunto ¿qué otros?, la sociedad sigue parada, más preocupada por el tabaco que por las pensiones, más interesada en el fútbol que en el drama del paro, y ¿por qué?, porque aún tenemos cosas, pocas, pero aún tenemos ciertas comodidades y no nos queremos mover para no perderlas y menos por otros, el pensamiento español es “mientras a mí no me toque no me muevo”

Antes Túnez, Egipto, ahora Libia, se barrunta Argelia y más países donde los “ciudadanos” ya casi no tienen ni dónde caerse muertos. Es el momento de la revolución o al menos eso parece,  pero existe el “lado oscuro de la fuerza”, ese poder oscuro y demoledor que llamamos mercados y que jamás permitirá que los pueblos sean libres, porque donde hay verdadera libertad no existe el enriquecimiento de unos pocos.

El pueblo egipcio ya no tenía nada que conservar y ha estallado. Dice Obama que lo que ha ocurrido en Egipto ha sido “el poder de la dignidad humana” y posiblemente lleve razón aunque molesta escucharle esto cuando se sabía de la opresión y de los terribles abusos de Mubarak y su séquito desde hace décadas. Pero en cuanto a la dignidad, me pregunto dónde está la nuestra. Tengo la impresión que cuando un hombre pierde su dignidad deja de ser un hombre libre.

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