Generación Zombi

Generación Zombi

En los últimos tiempos como si de una moda dialéctica se tratara estoy escuchando la expresión “apesebrado o apesebrarse”  en todas las tertulias. Se debe haber puesto de moda la palabreja y yo me acabo de enterar, ¡si es que no leo lo que debería! Con esa expresión que, por cierto, ya me cansa porque todo el mundo la utiliza como quien acaba de descubrir la isla de Perejil, se quiere dar a entender la actitud de acomodamiento que tienen las personas o las sociedades en general.

En cualquier caso y se utilice la expresión que se estile, me temo que existe un gravísimo y arraigado acomodamiento con síntomas de resignación, miedo  y embotamiento mental que nos tiene a los individuos como borregos, o yo diría como zombis, (ahora que está de moda con la serie Walking deads), y como si de “caminantes” muertos se tratara, nos dirigen siempre en la dirección que marcan los poderosos, dejándonos sin voluntad propia ni libre albedrío.

Cuando hablo con compañeros de trabajo, amigos, vecinos, marcianos, habitantes de Kripton, etc, puedo deducir perfectamente qué emisora de radio escuchan, cuál es el informativo que ven en televisión y qué periódico leen, aunque sobre lo de “leer” tengo mis dudas. Sus afirmaciones, sus convicciones y criterios se forjan a raíz de los titulares que repiten hasta la saciedad en esos medios de comunicación. Definitivamente piensan por nosotros y nos dicen lo que tenemos que pensar, creer y votar e incluso nos animan a no pensar, no creer y no votar. Nos hemos convertido en consumistas de la información que queremos escuchar, dándola por verdadera sin más comprobaciones.

Esto lleva ocurriendo mucho tiempo, tampoco nos vamos a rasgar las vestiduras a estas alturas. Los poderes económicos siempre han utilizado su “poder” para hacer de las empresas de comunicación el vehículo adecuado para implantar la corriente de opinión que les interesa. Lo que ocurre es que ahora, en nuestras sociedades occidentales, los ciudadanos de a pie tenemos menos excusas que antes, ahora si no nos formamos un criterio propio e independiente es porque no queremos, porque la información brota a raudales por Internet. Por algo las grandes corporaciones y los Gobiernos están preocupados con el “exceso de libertad” en los contenidos que se encuentran en la red, por algo superpotencias como China hacen todo lo posible por restringir el acceso a la red a sus ciudadanos.

Es cierto que Internet tiene un inconveniente, el exceso de información, y en muchos casos no contrastada, es decir, no vale cualquier cosa que aparece en la red, hay tantos datos sobre un mismo tema que no vivimos lo suficiente para ordenar, canalizar y racionalizar toda la información.

En los últimos tiempos se hacen leyes que procuran acotar esa libertad, poniendo en riesgo la única herramienta al alcance de cualquier persona, al menos, en los países más industrializados, que nos permite investigar y averiguar sobre la verdad de las noticias que nos ofrecen, descubriendo en muchas ocasiones, las mentiras, tergiversaciones, ocultamientos y engaños que hay en los medios convencionales de comunicación. Wikileaks ha sido un viento de aire fresco que nos ha permitido conocer y comprobar los teje manejes de los poderosos, desenmascarando como mentiras lo que nos contaron los medios convencionales como verdades oficiales.

Puede que lo terminen consiguiendo pero aún no lo han logrado por lo que si quisiéramos podríamos liberarnos del borreguismo en el que estamos inmersos y quizás, bueno, quizás no, seguro que los pueblos de la tierra nos convertiríamos en auténticos dueños de nuestro destino. Pero no es el caso, somos vagos, cómodos y también fácilmente domesticables.

Es muy posible que cuando pasen algunas generaciones nos recordarán como la generación que sabiendo o pudiendo saber, no hizo nada por evitar las injusticias del mundo, se quedó en el profundo silencio e inacción permitiendo que el 18% de la población del mundo controle el 82% de los bienes del planeta. Porque querer es poder, pero antes hay que conocer y la información está ahí, al alcance de una tecla. Ya lo expresó muy bien Albert Camus cuando dijo “nuestros nietos se avergonzarán de nosotros porque, habiendo podido tanto, nos atrevimos a tan poco” Hemos perdido la voluntad, si es que alguna vez la tuvimos y, probablemente seremos recordados como “la generación zombi”.

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