A vueltas con el amor

Sacrificio por amor ¿merece la pena?

Hace ya algunas semanas que pasó el 14 Febrero, el día de los enamorados y yo, acostumbrado a no moverme por fechas y sí más por mis musas que llegan cuando les da la realísima gana, llevo un par de días reflexionando sobre qué es el amor.

Complejo sentimiento este del amor, especialmente porque no es algo que podamos controlar, el amor no es tanto lo que queremos sentir sino más bien aquello que sentimos sin querer y esto complica todo un poco.

Pero llevo un tiempo preguntándome si el amor y el sacrificio están tan íntimamente relacionados como en ocasiones pensamos. Uno se sacrifica por algo, quizás por un premio, en este caso por el premio del amor pero ¿es esto realmente amor?, al fin y al cabo nos sacrificamos porque esperamos conseguir un beneficio, el amor, el amor del otro.

La semana pasada un psiquiatra contó su experiencia en la radio con un paciente. Este paciente tenía el delirio de creerse Jesucristo. Pues bien, los amigos del paciente le preguntaban si daría su vida por los demás muriendo en la cruz como hizo Cristo, a lo que el paciente respondió: “si tuviera certeza de que resucitaría, sin dudarlo”. Desde luego delirios tenía pero no era tan tonto el tipo. Esperaba un premio, es decir, sacrificaría su vida pero si obtenía algo a cambio.

El amor que tantas veces llamamos “sacrificado” lo confundimos con el amor abnegado y no siempre es así. Esperamos un premio, una recompensa por lo que sería muy discutible llamar a esto “el mejor amor”, al menos amor abnegado.

Tengo la impresión que idealizamos el “sacrificio” dentro del amor, siempre esperamos que quien nos ama renuncie a todo por nosotros, porque esa es la mejor prueba del amor, o bien pensamos que para demostrar nuestro amor debemos sacrificar lo que sea para demostrar a la otra persona que nuestro amor no tiene límites.

¿No será que nos estamos equivocando?, quizás no sea necesario plantear el amor como sacrificio y renuncia, probablemente el amor es mucho más sencillo y hermoso que lo que el “dolor del sacrificio”, aunque este sea por amor, pueda parecer.

El amor como sentimiento es imposible de medir y por lo tanto imposible de comparar pero después de varias experiencias y reflexiones personales he llegado a la conclusión que el amor no se mide tanto por lo que estés dispuesto a sacrificar sino por las cosas que estás dispuesto a compartir y a disfrutar con la persona amada.

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