Sufrimiento comparado

Podría quedarme en el paro, podría perder mi casa. También mi padre podría perder definitivamente su identidad o incluso morir. Podría no tener lo suficiente para comer y algún día pasar hambre. Podría estar solo sin el amor de mi vida, y también enfermo, podría tener una vida que fuera poco menos que una mierda, pero eso no ha pasado aún, y tendrían que darse todas esas circunstancias a la vez para que mi situación personal llegara a ese punto. Y sin embargo todavía habría gente mucho peor en este mundo loco en el que vivimos.

Hace unos días leía un post de alguien que está en Japón y que reflexionaba sobre las miserias humanas tras el terremoto y posterior tsunami que ha destrozado tantas vidas. Todo lo que mencionaba arriba serían como simples cosquillas molestas, pero que no se pueden comparar al dolor y sufrimiento de las personas que lo han perdido todo en Japón.En su post llegó a la conclusión de que no valemos nada y que lo que nos pasa en nuestra sociedad cercana, el paro, las enfermedades de seres queridos, la corrupción política, las dificultades para llegar a final de mes, no son nada comparadas con los estragos que ha hecho la fuerza de la naturaleza en Japón, son “estupideces” si las colocamos en la misma balanza.

Quizá olvidó mencionar que en Haití llevan con ese horror mucho más tiempo y las potencias mundiales los han ignorado por pobres, cosa que no ocurre en Japón, sociedad por otro lado mucho más preparada para luchar contra los efectos de un desastre natural. Y así docenas de países olvidados de todos porque no tienen recursos, ni oro negro que ofrecer en contraprestación.

Una víctima del terremoto en Haití (La Vergüenza de la humanidad)

Mientras en las sociedades más industrializadas el motivo del sufrimiento es el paro, no llegar a final de mes, un desahucio, en otros muchos países, por la razón que sea, el único gran problema es comer. Pero no me vale, no me siento mejor porque sepa que otros están peor, todo lo contrario, siento que vivo en un mundo de mierda que pasa de soslayo sobre cosas tan terribles como el hambre y la miseria.

Nuestro sufrimiento viene condicionado por lo que hemos vivido y experimentado. La educación juega un papel muy importante, por eso en nuestras sociedades “avanzadas” abunda el suicidio en comparación con los países pobres. Mientras nuestra resistencia económica es mayor, la resistencia emocional parece estar más limitada y condicionada en nuestro entorno. No voy a caer en comparar unos sufrimientos con otros porque siempre habrá algo peor en cualquier parte del mundo, además, cuando sufres no comparas, solo sufres y duele que otros lo consideren una estupidez por compararlo con cosas “peores”. Sentir sufrimiento es lícito sea cual sea el origen, el verdadero drama es que mucho de ese sufrimiento está en nuestras manos evitarlo y sin embargo, miramos hacia otro lado. No voy en busca de situaciones más inhumanas que las que conozco para justificar que no debamos quejarnos. El dolor y el sufrimiento es siempre eso, dolor y sufrimiento, estén donde estén y se originen por la razón que sea y a veces en el ejercicio de la relativización del dolor nos perdemos inexorablemente en la resignación ante cualquier tipo de sufrimiento.

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