El sobre azul

Miraba la pantalla blanca, vacía, su mente estaba igual, al menos de ideas porque no así de sentimientos. Si su mente estaba blanca su corazón estaba rojo, ardiendo con fuego devastador, a veces de rabia porque la vida es muy puta y el corazón se rebela cuando la mierda te rodea, pero también ardiendo de manera más tranquila y duradera. Era una llama cálida y serena aunque ya había tenido momentos de locura, de descontrol, de deseo.

Le gustaba pensar en ella, no era buscado, ni fingido, ni siquiera un recurso para salir del tedio o de la soledad. Pensaba en ella como un pájaro se posa en una rama y se le ofrece anidar, sin poder evitarlo, sin quererlo.

La pantalla seguía blanca pero mientras un ojo miraba a la nada, abstraído por los pensamientos en ella, el otro ojo miraba un sobre buscando que cambiara de color, al color azul,  porque cuando el azul asoma, asoma su corazón, asoman sus ojos y un mensaje con sus palabras. Él no pensaba nada porque cuando dominan los sentimientos los pensamientos se disipan con los golpes poderosos de los latidos.

La pantalla seguía blanca, vacía, pero su corazón ya no, y mirando y mirando sin poder parpadear, el sobre que tanto se hacía de rogar se vistió de azul.

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