El viaje interminable

La vida no deja de ser sino un viaje en el que visitamos sensaciones, experiencias, vivencias, personas y lugares, muchas veces nuevas y en otras ocasiones repetidas, pero viajamos, viajamos sin parar y por mucho que nos quisiéramos bajar del viaje y no seguir no podríamos, yo lo intenté, no es que lo hiciera plenamente consciente, pero lo intenté y no pude, solo había una manera para conseguirlo, pero un interruptor interior se desbloqueó a tiempo para continuar con mi largo, sinuoso y laberíntico viaje a Ítaca.

Tengo que confesar que no he necesitado estar al borde de la muerte para ver pasar toda mi vida en unos pocos segundos, bueno, no sé si estuve al borde pero no cabe duda que algún coqueteo hice y todavía me duelen las heridas. Y después de darle demasiadas vueltas a todo y de recordar hasta la saciedad, mi vida pasa y creo que de la manera que tiene que pasar, no esperando a que ocurran cosas sino intentando ser parte protagonista de todo aquello que ocurre a mi alrededor.

No olvido, solo continuo, no dejo atrás nada que no deba, va en mi mochila por si fuera necesario utilizarlo en el futuro pero, eso sí, sin que suponga un peso excesivo, porque prefiero caminar a estar parado, mirar para adelante y apoyarme también en aquellos que me apoyan, en los que me quieren y a los que yo quiero, en los que están y son reales, dejando que las sombras se queden en sombras hasta que quieran transformarse en algo tangible.

Hace unas semanas estuve en Gijón y volví a ver el mar, seis años después. La sensación fue difícil de describir pero un cosquilleo de emociones se apoderó de mí y aún perdura. ¡Cuánto quería ir a Asturias antaño!, ¡cuántas veces lo soñé!, y ahí estuve, comiendo fabada y los frutos del mar a pie de puerto, bebiendo sidrina y dejándome llevar por la hermosa brisa asturina, de su mar y de sus montañas… y de sus ojos azules.

Nuevas personas que han entrado en mi vida y por lo tanto nuevas vivencias, nuevas sensaciones y de nuevo a transitar por la vida, nuevos amigos, nuevos pensamientos, nuevos sentimientos…, y en esto se resume la vida, no hay que complicarlo mucho más, se resume en vivir y a ser posible haciendo de cada minuto un tesoro que no se debe desaprovechar.

Llevo un tiempo sin ganas de escribir o sin tiempo, o las dos cosas, en cualquier caso mi viaje continúa, no sé a dónde me llevará, sé que voy muy bien acompañado aunque para conseguirlo he tenido que poner mucho de mi parte. La vida me espera y he caído tantas veces que ahora ya no tengo tanto miedo a caminar. Me caí y ya me levanté, por qué no voy a volver a hacerlo, así que pongo el mundo bajo mis pies y caminando, que es gerundio.

Solo puedo decir que “happy”, que “thank you” y sobre todo que “more please”. 

¡Qué raro! una lágrima se me escapa…, no sé, esa lágrima maldita que aparece cuando menos te lo esperas. “Dios mío, estoy cara a cara con la eternidad” (W. Allen)

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