Obstinación terapéutica

Quien no ha estado cerca de la muerte no se hace una idea muy precisa de lo que es, más allá de las películas en donde casi siempre muere el malo de varios tiros en el cuerpo, que lo agitan convulsionadamente a modo de baile de San Vito, mientras le disparan.

Pero toca mucho las narices cuando por convicciones propias, por engaños religiosos, por creencias superadas y anquilosadas en los temores canónicos del pasado, no dejamos morir en paz y con el menor dolor posible a quien está sufriendo una enfermedad dolorosa y terminal.

A esto le llaman obstinación terapéutica, también conocida como Distanasia, esto es, lo contrario a la Eutanasia.”Consiste en retrasar el advenimiento de la muerte todo lo posible, por todos los medios, proporcionados o no, aunque no haya esperanza alguna de curación y eso signifique inflingir al moribundo unos sufrimientos añadidos a los que ya padece, y que, obviamente no lograrán esquivar la muerte inevitable, sino sólo aplazarla unas horas o unos días en unas condiciones lamentables para el enfermo. La distanasia también se llama ¨ensañamiento¨ y ¨encarnizamiento terapéutico¨, entre otras acepciones, aunque sería más preciso denominarla ¨obstinación terapéutica¨”

Dicho de otra manera, te agarran a la vida como quien sujeta a un mártir en su cadalso, para sufrir, para morir viviendo, para hacer del dolor del otro el leit motiv de unos advenedizos creyentes en un Dios que por lo que se ve tiene mucho de “obstinado” y un poquito de torturador porque si no, no se explica.

Y todo esto lo adornan con el nombre de “Obstinación”, vamos, que son muy cabezones y desean mantenerte vivo a toda costa, como si administrarte cuidados paliativos, fuera poco menos que tentar al asesinato. Si evitar el dolor y el horrible sufrimiento cuando ya no tienes esperanza de vida es matar, ¡me cago en Dios y en la madre que lo parió!

Claro, ahora entiendo porque se ha cambiado el término y se ha pasado de “encarnizamiento terapéutico! a “Obstinación”, es cuestión de testarudez y para cabezón Dios, que para eso es el Supremo.

Va a ser mejor acelerar el proceso de nuestra muerte cuando aún tengamos fuerzas y así evitar caer en manos de estos “obstinados”, no sea que nuestros últimos días se conviertan en una terrible película de horror en el último capítulo de nuestras vidas. ¡Vaya con la puta obstinación! Es cuestión de cabezonería.

Anuncios