Introspección

Últimamente reflexiono mucho sobre mí mismo, diría que soy cada vez más consciente de mí, quizás demasiado porque cuando te miras tanto al espejo es imposible no darse cuenta de las imperfecciones de la piel, de las arrugas que la vida ha marcado a fuego en mi cara. Esto no quiere decir ni que sea más justo, ni más imparcial, ni más objetivo, tampoco más equilibrado, solo soy más consciente de cómo soy y eso ya es un logro, y una losa.

Me miro a las ojos y veo un corazón irremediablemente atormentado pero vivo, con tintes de ilusión, con vetas abiertas a la esperanza y a la vida, pero siempre con la puerta entreabierta, sin dejar pasar del todo las cosas que merecen la pena, entre corrientes de futuro y vientos de pesada experiencia.

Cuando me oigo termino escuchando los susurros de los sueños, las notas musicales de un latido que a veces se paraliza para quedarse en una diástole que parece interminable,  acabando con mi corazón inundado de sangre, sangre de sueños rotos, de palabras mal dichas, de sentimientos nunca pronunciados, de miradas tardías, de ausencias imperdonables.

Ser sensible no es una ventaja y si lo es, aun no he terminado de entenderla. Ser sensible adelgaza, deja los huesos secos, los pulmones encharcados de agua empantanada por vivencias que atascan el alma, y el corazón medio atolondrado a veces en primera, otras en punto muerto, pero avanzando lentamente, desesperadamente lento para otros.

Y sin embargo ahí estoy, frente a un espejo desgraciado que no se calla ni un miserable defecto, que lo cuenta todo, que da pelos y señales convertidas en brechas, heridas, lágrimas, poros abiertos en donde si te asomas ves los despojos de una vida que ya no es pero que dejó huella.

Y entonces pienso en él, o en ella, no sé, ¿tendrá mi pelo?, ¿y mis ojos?, ¿será valiente, duro, insensible ante lo insignificante?…¿será distinto?, ¿será mejor?, ¿podrá ser feliz?

La noche me espera, ya está bien de tanta introspección, porque meditar sin tener nada sobre lo que meditar es una desconcertante pérdida de tiempo, se acabó el paréntesis de mirarme el ombligo. La noche espera para despejar el alma, para dejar un poco más entreabierta la puerta a la esperanza.

Anuncios