El abuelo, el niño y el burro

Caminaban por un sendero en el bosque un abuelito, su nietecito y un burro. Su pasear era tranquilo mientras disfrutaban del paisaje y del sonido de las hojas de los árboles zarandeadas por el viento. Al llegar al primer pueblo unos lugareños comenzaron a reírse del abuelo mientras le recriminaban que, llevando un burro, cómo era posible que no fuera alguno de ellos montado en el animal.

El abuelo pensó que quizás llevaban razón por lo que decidió subirse al burro ya que sufría de reuma y su edad era muy avanzada. Siguieron caminando tranquilamente por el sendero cuando se toparon con una pequeña aldea muy bulliciosa. Algunas mujeres comenzaron a hablar entre ellas, mirando con ojos de juez al abuelo y una de ellas, la más decidida, le dijo: “viejo, ¿cómo eres tan egoísta y vas tú subido al burro y permites que ese niño pequeño vaya caminando?”. El abuelo no contestó pero le hizo pensar que quizás llevaba razón la mujer, por lo que decidió bajarse del burro y subir al niño para continuar caminando por el bosque.

En el camino se cruzaron con un grupo de hombres que venían de la labranza, al verlos desde lejos comenzaron a comentar audiblemente y el abuelo, que era muy mayor pero que gozaba de un estupendo oído, pudo escuchar cómo criticaban que un jovencito fuera subido al burro mientras un hombre tan mayor caminara a duras penas. Uno de los hombres llegó a espetarle: ¡vaya juventud!, ¡dónde vamos a llegar!.

El abuelo, un tanto confuso en vista de los últimos acontecimientos decidió que en lugar de bajar al niño del burro se subiría con él y proseguirían su camino pensando que había dado con la solución y ya nadie podría criticarle.

A la entrada de su pueblo se topó con un grupo de jóvenes que salían a divertirse y al cruzarse con ellos le empezaron a gritar: “¡maltratador!, ¡no tienes humanidad!, mira al pobre animal ¿no te das cuenta que soporta mucho peso con los dos encima?…, ¡qué vergüenza!”

El abuelo y el niño se miraron y el primero comenzó a reírse sin parar. ¿Por qué te ríes abuelo?, preguntó el niño con gesto de sorpresa. Hijo, ¿no te das cuenta?, hagas lo que hagas siempre habrá alguien a quien no le parezca bien. ¿Sabes?, vive tu vida y no intentes agradar a todo el mundo porque no podrás, el verdadero agrado reside en hacer lo que crees que es mejor sin importar cómo lo perciben los demás.


(Este texto no es original, aunque lo he relatado con mi particular “manera”. No sé de dónde viene pero siempre me sirvió para ilustrar la inexistencia del pensamiento único. Como es obvio el burro se declaró en huelga porque nadie sugirió que fueran el abuelo y el niño quienes lo cogieran, el abuelo se enfadó tanto que cuando le iba a pegar un tiro al burro, le dio un infarto y se murió dos días antes de irse con el Inserso a Benidorm, y el niño, en fin,  se convirtió en un “indignado” y comenzó a manifestarse contra la incomprensión)… ¡Al aire le digo…!

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