Dura realidad

Me cuesta mirar las noticias, ¿para qué?, ¿para ser más consciente de lo que ya soy respecto de la realidad que nos domina?. Ha tenido que llegar una crisis como esta para que los mercados, esos espectros financieros que pululan por el éter social, nos digan que de democracia real nada y que siempre que puedan, cambiaran gobiernos colocando a sus adláteres en los puestos de dirección. Llevábamos más de 30 años engañándonos y ahora se presenta la realidad en su más cruda imagen, pobreza, decadencia de derechos y lo más triste de todo, resignación de la mayoría.

Hace tiempo leía sobre las hambrunas causadas en el mundo por culpa de la especulación sobre materias primas (maiz, cacao, trigo, arroz, etc) y ahí aparecen de nuevo Goldman Sachs y compañías similares que impúdicamente se están lucrando mientras llevan el hambre y la muerte al mundo, con solo apretar una tecla. ¿Y cuándo hemos comenzado a reaccionar mínimamente? cuando a nosotros, los pijos y mal acostumbrados occidentales nos han comenzado a recortar nuestros derechos, ahora sí, ahora gritamos, ahora nos cagamos en todo lo que se menea para terminar finalmente con una mayoritaria resignación.

La vida solo merece ser vivida por ese micromundo que todos tenemos, nuestra gente, aquellos a los que queremos y nos quieren y que cuando vas haciéndote viejo concluyes que se reducen a unos pocos, muy pocos en comparación con la ingente cantidad de personas que han pasado de perfil en tu vida. Cuesta seguir cuando reflexionas, cuesta no suspirar cuando analizas mínimamente lo que ocurre en este mundo pero, se sigue, se vive, se camina, aunque solo sea por inercia, por los empujones que otros, más fuertes o más inconscientes, te dan para que no te quedes en una cuneta de la puta vida que nos ha tocado vivir.

Continúo, tirando a trompicones pero tirando, no sé si hasta que alguien se canse o hasta que yo no pueda más pero la vida continúa y todavía quiere que siga aquí, sintiéndola de lleno, mirando su peor cara, con la contraprestación de momentos maravillosos que como combustible escaso pero de incalculable valor me permite caminar y esbozar una sonrisa y proyectar nuevas ilusiones. A veces llego a la conclusión que soy yo, que yo tengo un problema, que el mundo es como es y que soy simplemente un eterno y recalcitrante inadaptado. ¡Puta vida!

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