Nadie dijo nunca que lo fuera

No es fácil, pero nadie dijo nunca que lo fuera. Cuando te levantas todas las mañanas no queda otra, hay que abrir los ojos, dar órdenes a nuestro cuerpo para que se mueva y vivir, sí, hay que vivir cada minuto y cada instante como si este fuera el último momento que nos queda por respirar. Ya te dije que la vida es como un mar embravecido con periodos cortos de tranquilidad, son esos los especiales, los que permiten disfrutar de todo a nuestro alrededor, pero todo es mar, todo es vida.

Lo malo es cuando pasan días y más días y no hay forma de que paren las olas, a veces las fuerzas fallan y el ánimo decae pero te vuelvo a decir lo mismo, ¡nada es fácil!, los hombres nos hemos empeñado en hacer de nuestro paso por la vida, un erial con pozos salpicados en el camino y distantes unos de otros, pero cuando encuentras uno… ¡vaya! ¡sí que merece la pena!

No solemos entendernos, lo sé, es más creo que nunca lo hemos conseguido, pero es curioso cómo y a pesar de la sempiterna incomprensión seguimos aquí, juntos, pegados culo con culo, inseparables,  conscientes de nuestras diferencias. Imagino que poco se puede hacer para cambiar esto que parece nuestro destino, tú invisible, yo siempre escribiendo, los dos siempre acompañándonos, hablándonos, discutiendo y enfadándonos como dos adolescentes que nunca terminamos por aprender la lección. Creo que nunca hemos terminado de crecer, ¿no te parece?, tu idealista y soñador, siempre esperando que lo que es justo se realice, que lo hermoso brille para siempre, que el bien aplaste al mal como en un película de héroes y villanos en la que el amor y la honestidad vencen ante cualquier prueba. Yo voy de racional por la vida, de realista y todas esas tonterías que no sé muy bien si van conmigo y ¿sabes?, lo más curioso de todo es que siento como tú pero nunca me he atrevido a reconocerlo. Creo que soy como un Cyrano de Bergerac que deja que sus sueños, esperanzas, amores e ilusiones sean vividos por otros, solo me atrevo a ponerles palabras y dejo que sean otros quienes las vivan.

Siempre lo he dicho, soy un imbécil y no aprenderé nunca. Creo que en el fondo más oscuro de mí, en las mazmorras de mi alma lo que hay es envidia, envidia de la mala, esa que me corroe porque quiero ser como tú y no puedo, o no sé, o no me atrevo o simplemente no valgo para ello.

Ya es muy tarde, siempre terminamos soltándonos rollos que no nos llevan a ningún sitio porque tú serás siempre de una manera y yo de la contraria. La verdad es que desahoga poder hablarlo pero poco más, o no, quizás sea mucho más, al final siempre termino sabiendo que no puedo parar, que debo dejar que la luz entre por el iris de mis ojos y active el ánimo para vivir, no es fácil pero nadie dijo nunca que lo fuera, ni siquiera tú.

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