Burbujas de jabón

Son burbujas de jabón, tan volátiles como los sueños, envolviéndolos en un espejo de colores que terminan explotando en una lluvia de pasado…

No sé porque a veces no lo puedo controlar. Será el miedo, será la nostalgia, sí, esa pegajosa compañera cercana a la complacencia enamorada del dolor y de la tristeza. Son momentos de buscar y no encontrar, los cajones están vacíos, nada ocupa el espacio ni el tiempo, todo se esconde de mis ojos para dejar que mis pupilas no encuentren lugar dónde fijarse, ni azul del cielo en el que refugiarse.

Serán las olas del recuerdo que me devuelven aquellas sirenas muertas que brotan de mis ojos con demasiada facilidad, son simplemente lágrimas, secas de tanto partir sin encontrar destino, evaporadas por lo inexorable del tiempo, por la amargura de una vida inevitable, tan inevitable como la propia muerte, tan incontrolable como el amor.

A veces estoy roto, completamente roto y siempre me digo que será la última vez, que jamás volverá a ocurrir, que nunca dejaré que nada ni nadie me atraviese el corazón hasta desgarrarlo, olvidando en sus resquicios pequeñas migajas de miseria y de olvido.

En mi mente solo quiero soñar y dejar que mis pies se encaminen al lugar en el que las aves dominan su cielo de grandeza y de libertad, quiero volar para nunca dejar de hacerlo, quiero soñar porque dentro de cada sueño encuentro que aún me quedan motivos para vivir.

Porque los sueños no son simplemente ilusiones, porque la vida no es un simple sueño, porque los sueños forman parte del motivo, de la razón, son la causa por la cual la vida comienza a latir. Por que los sueños son burbujas de jabón,  volátiles, transparentes, que terminan explotando en una lluvia de pasado con solo intentar atraparlas con la mano.

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