La Gran Farsa

Entre los diez puntos que le lleva el Madrid al Barcelona, la muerte de Whitney Houston, Gran Hermano 12+1 y otras grandes noticias de este fin de semana parece como si después del palo por el culo que nos han metido con la reforma laboral esta se quedara en un simple inconveniente, inevitable por otra parte.

Hace tiempo que comprendí que no vivo en una Democracia Real, que unas clases poderosas manejan los hilos para que el rebaño de corderitos narcotizados por los medios de desinformación vaya en la dirección que consideran apropiada para sus intereses, y si sale un tipo respondón, pues se le acusa de prevaricador con un razonamiento jurídico “impecable” aunque esté alejado del sentido de la justicia que todavía queda en algunas mentes con sentido común, el cual como está demostrado, es el menos común de los sentidos.

Se puede decir una cosa y la contraria y poner gesto de responsable salva patrias como hacen en los últimos días los líderes del Partido Popular. Cospedal se queja que los sindicatos no hicieron nada contra el PSOE cuando su reforma… ¿se puede mentir más?, ¿no se acuerda de la Huelga General de 2010?, claro, ella no participó a pesar de votar en contra de aquella Reforma, por eso se le habrá olvidado.

Gonzalez Pons y el propio Rajoy afirmaron una y otra vez que no creían en la fórmula de abaratar el despido, ¿y ahora qué?, solo han pasado dos meses de esas afirmaciones y ahora decretan justamente lo contrario. ¿Se puede mentir más? Sí, se puede, y ¿por qué se puede mentir más? se preguntará el avezado lector de este post, pues muy sencillo, porque a nadie le importa, porque nos roban, nos engañan, nos mienten  y nos pisan nuestros derechos y como becerros asustados y sedados por el bálsamo de fierabrás de nuevo les votamos en ese orgasmo de búsqueda de culpables, en el que entramos los electores cuando llegan las elecciones.

Gritamos ¡Cambio! y votamos justo al contrincante mayoritario pensando que con eso castigamos a los que supuestamente provocan nuestras miserias, sin darnos cuenta que estamos engrasando el engranaje de la gran mentira que se llama “Monarquía Parlamentaria”, donde una clase sin escrúpulos esclaviza a una mayoría asustada y desorientada mediante la mentira de la alternancia en el poder. ¡Qué gran farsa!

El político corrupto, el banquero usurero y el Empresario irresponsable se consagran al grito de “aquí hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora estos recortes son lo que toca”, y ¿qué hace la plebe?, asentir como lerdos atemorizados por el alegato tramposo y ya de paso, recordamos con una mueca de placer a ese  vecino, primo, o lo que sea, que se metió en un chalet en la playa, en un cochazo o en ese crucero hortera en aguas griegas;  ahora  ¡que se jodan!  

Mientras tanto la Policía apalea a los manifestantes, aquí y en Grecia, ¿libertad de expresión!, ¡venga ya!.  Los políticos reconocen públicamente que obran como obran porque “no todos somos iguales” (Jaume Matas dixi) y por lo tanto los abusos, las corrupciones y demás desmanes hay que entenderlos en el contexto de que unos son una clase superior, con venia para hacer lo que le sale de sus egregios culos, como el aeropuerto del abuelo Fabra, y otros somos la clase obrera borreguil, destinataria de sus caprichos.

Ya no es una cuestión de ser de izquierdas o de derechas, es una cuestión de Justicia, Libertad e Igualdad, principios que se encuentran en franco retroceso… ¡up!, dije Franco, y no sé por qué, me traicionó el subconsciente. Desde luego que el viejo golpista dejó todo atado y bien atado.

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