Soñar en tiempos revueltos

Decir que el día se levanta es casi un sacrilegio, son las seis de la mañana y aquí lo único que se levantan son los pelos cuando uno echa a un lado el edredón y recibe el frío siberiano en toda la cara.No se levanta nada porque es inhumano tener que ponerse en marcha cuando la noche es aún cerrada y cuando las calles están casi sin instalar, ¡quién fuera niño!

Sería como mirar por la ventana y ver un mundo imaginario que no existe, pero que nuestra mente hace que sea real. Un señor con un mono azul echando el asfalto rápidamente porque está próxima la hora que se abra la calle para los coches, otro instalando las farolas, los bancos, los árboles y las papeleras tan socorridas cuando sacamos a pasear a Trasgu, el perrito travieso. Y ni preguntarnos qué hacen esos señores en la puta calle a esas horas, ¡qué iban a hacer! trabajar gratis para el ayuntamiento, desde el paro, como quiere Ana Botella, ¡cuántas se habrá bebido la muy…!

Un mundo en el que no se entiende de mentiras más allá de ocultar el juguete a nuestro hermano o de decir que nos hemos comido toda la comida cuando en realidad una parte se la ha beneficiado nuestro amigo canino. Y cuando empiezan a mirarte las niñas en medio de una precoz pubertad, puñetazo en la cara para saber que nada de lo soñado existe en realidad y que la vida es una gran mentira, donde vivimos aplastados por unos poderosos que de cuando en cuando nos aprietan las clavijas para convertir una vida de derechos en otra de semi esclavitud.

Con cinco años, solo quieres volar, no entiendes de crisis salvo que veas a tus padres llorar a escondidas porque no tienen para ponerte un puto plato de comida en la mesa.Y no hemos tenido tiempo de superar la adolescencia cuando una cortinilla de tristeza comienza a posarse en nuestros ojos. ¡Qué jodida es la vida cuando eres demasiado consciente de ella!

Todo es demasiado rápido y a veces, muchas veces, demasiado injusto.Nos ha tocado vivir un saqueo, otros lo llaman crisis pero en realidad no lo es, es un saqueo orquestado, calculado, planeado con premeditación y sin ninguna nocturnidad, echo a la cara, de frente, de golpe, a puñetazos y encima nos toca aguantar los gestos de salvapatrias de nuestros dignatarios, “manda huevos con la palabreja”, todo menos dignos.

¡Con el frío que hace!, ¡y el que nos espera! , los tiempos andan muy revueltos, pero aquí estamos, levantándonos en la noche de los sueños, aquellos en donde aún no han podido entrar los mercados, o sí, quizás sí, porque no sabemos que podríamos soñar tan solo con que el mundo fuera algo más justo, y la avaricia rastrera solo fuera una cosa del pasado.

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