Sindicato fobia

El otro día comentaba una amiga que pertenece al Movimiento 15M que colgaba información en su muro de facebook sobre los “supuestos desmanes” de los sindicatos porque ella no quería dar una información “sesgada” y que si estos, los sindicatos, eran malos, había que denunciarlo. Me parece bien aunque no sé qué entiende por información “sesgada” cuando la información que compartió venía de un periódico digital de lo que se conoce como “caverna mediática” de derechas, es decir, que la información podría ser de todo, pero objetiva con los sindicatos no.

Está claro, está de moda atacar a los sindicatos y la campaña cada vez es más exacerbada. No obstante me sorprende que los componentes del 15M con los que me siento muy identificado, den cobertura mediática a cualquier información sin contrastarla. Digo que me sorprende y además no me gusta. Con alguno de ellos he hablado sobre la importancia de dirigir los esfuerzos contra aquellos que son realmente enemigos de la ciudadanía, porque los sindicatos, con todos sus errores, fallos y meteduras de pata individuales o colectivas, son un bastión más en la lucha por los derechos sociales y especialmente de los trabajadores.

Los trabajadores, es decir, nosotros, somos interesados, egoístas, vendemos a nuestra madre si eso supone una palmadita del jefe en nuestra espalda en detrimento de los intereses de un colectivo. Cuando se produce un abuso de poder en las Empresas los trabajadores miran a otro lado, nadie se queja, hay miedo y cuando el sindicalista de turno, trabajador nombrado por sus compañeros, se le ocurre dar la cara, lo dejan más solo que la una. No paro de constatarlo día tras día, los sindicatos son débiles porque los trabajadores tenemos miedo o simplemente somos egoístas.

El sindicalismo en España sufre una crisis brutal, no solo por la cuestión mediática con la que soportan ataques en su mayoría falsos, sino porque la sociedad quiere acomodar su conciencia de pasividad y pasotismo, acusando a los pocos que se mueven o luchan por los intereses de los demás. Dicho de otra manera: “yo no me muevo pero los que se mueven son todos unos corruptos”, y con esa premisa se excusa una mayoría para sentirse más tranquila y justificada por su carencia de lucha. Es curioso, es lo mismo que ocurre con el movimiento 15M, los critican por las mimas sandeces, por eso me llama la atención que estos últimos también se ceben con los sindicatos poniéndolos en muchas ocasiones, a la misma altura que los políticos corruptos o que las instituciones financieras. ¡Qué pena! ¡Qué error!

Los trabajadores, como la mayoría, no se mueven, están pasivos, mirando a otro  lado y cuando un sindicalista levanta la voz para protestar solo sabemos hablar de rólex, dúplex, restaurantes, ERES, y no de la legitimidad de su reivindicación.

Me gustaría que los que hablan de los sindicatos entendiesen que el problema que estas organizaciones tienen es su propia debilidad ya que somos los propios trabajadores quienes no los apoyamos, si fueran más fuertes, si hubiese millones de afiliados, serían muchos menos sus errores y más fuertes a la hora de negociar. Asociamos a sindicalista la idea de obrero paletillo, inculto, de pocas luces y un tanto vago, NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD. Y cuando hablan de sindicalistas vendidos podría citar ejemplos de delegados sindicales en Empresas que se han visto sometidos a chantajes, tales como que si no aceptan ser despedidos en un ERE, este sería de 20 días por año y si aceptan, entonces pagarían más. Aceptaron y los “defensores nombrados” de los trabajadores fueron despedidos con la aprobación mayoritaria de todos los trabajadores. Esto NO sale en los medios de comunicación.

Hay que estar en un Comité de Empresa para darse cuenta de lo difícil y arriesgado que es cumplir con la función de representante de los trabajadores, hay que dar la cara, ponerse frente a la Empresa, exigir a quien tiene la sartén por el mango que cumpla con sus obligaciones con respecto a los trabajadores y eso, estimados lectores, eso no es nada fácil, y si alguno se vende a la Empresa o simplemente se “acojona” ante una amenaza de esta, entonces todos nos unimos al grito de “abajo los sindicatos”… ¡Así nos luce el pelo!

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