Celos

No es una cuestión de sentir sino de pensar, de razonar por encima de los impulsos y de los cortocircuitos cerebrales productos del miedo o la inseguridad, del propio temor a perder o a ser engañado. A veces aparecen los celos pero estos pueden ser razonados, meditados y sin que provoquen ninguna reacción salvo una pequeña picazón en medio del corazón pendiente de definirse. Por eso primero es recomendable pensar, entender lo que percibimos y sacar conclusiones, pero la vida nos enseña que estas, las conclusiones, deben ser corroboradas con hechos porque si no finalmente solo serán juicios precipitados que nos llevan a sentir dolor innecesariamente.

Es fácil decirlo pero más difícil es practicarlo, aunque es conveniente aprender a relativizar hasta los temidos fracasos. ¿Qué hay peor que la muerte?, pues ni siquiera un posible engaño puede ser peor que irse al otro barrio a criar malvas, aunque pensándolo bien, muerto muy mal no se puede estar porque simplemente no se está y eso es garantía como mínimo de tranquilidad.

Porque los celos se pueden pensar pero también se pueden sentir y cuando estos salen de las entrañas, ¡peligro!, estamos en fase de no ver la realidad y entramos en modo inseguro, en la versión más dolorosa del sistema y en peligro inminente de estropear todo el disco duro. Normalmente la razón nos ayuda a comprender qué ocurre e incluso, si lo que ocurre es precisamente lo que más daño nos hace, razonando aprendemos a relativizar y a controlar la situación y nuestra dignidad.

Las implicaciones sentimentales conllevan en demasiadas ocasiones perder nuestra identidad y ahí radica el mayor error en las relaciones de pareja. Nadie es más importante que nosotros, pero tampoco menos y los seres humanos debemos aprender a vivir por nosotros mismos, seguro que de esta manera el amor será mucho más intenso y a la vez reconfortante y en el caso de un fracaso, este no supondrá la muerte de nuestra alma.

Y digo yo, ¡vaya parrafada que acabo de soltar por las teclas! y de psicólogo o cualquier cosa que se le asemeje no tengo ‘na de na’, aunque alguna experiencia he sufrido. En fin, dejaremos que la vida nos siga enseñando mientras aprendemos a transitar por ella, porque como dijo el sabio, “solo tenemos una vida y tenemos obligación de vivirla”

Anuncios