A positivo

Hay ratos de esos en los que me entra una dosis extra de reconocimiento de mi propia ignorancia que ‘ni pa qué’. El otro día, conversando con un marsellés sobre el origen del río Manzanares me di cuenta que no recordaba algo tan facilón para cualquier indocumentado. ¿Dónde nace el río?, me preguntó con absoluta normalidad suponiendo que algo así debería saberlo un madrileño de postín, al fin y al cabo en Madrid tenemos un río aunque de “escaso caudal” comparado con el Sena o el Támesis, en fin, un charquito, pero un río al fin y al cabo. Ni me acordaba ni tampoco lo tenía almacenado en el archivo roto de mi memoria, simplemente se me había borrado. Tampoco sabía nada del origen del Mercado de San Miguel, o por qué El Rastro de Madrid se llama “El Rastro”. Desconocía los orígenes de nuestra afamada Plaza Mayor, sí, eso del siglo, el rey de aquel tiempo, y otros datos históricos relevantes.

¿Dónde se encuentra alguno de los bares más antiguos de mi ciudad? Ni puta idea, bueno, hasta hace unos meses que me enteré. Incluso a mis treinta y diecisiete años he aprendido dónde vivió el ratoncito Pérez, algo que es fundamental para mi desarrollo personal.

Podría dar más detalles de mi abundante ignorancia sobre el Madrid histórico pero tampoco tengo que tirarme tanta inmundicia encima. Por cierto, además de abundante ignorancia también habría que añadir el término “imperdonable”

Pues eso, que hay multitud de datos que cualquier turista se sabe al dedillo y yo, madrileño desde que nací, desconozco o simplemente he aparcado en el almacén del olvido. Y no toda la culpa la tienen mis padres que en mi infancia y adolescencia jamás me pasearon por esta maravillosa ciudad, alguna culpa tengo yo que siempre he pasado olímpicamente de preguntarme sobre las singularidades del lugar en el que vivo. ¡Triste de mí!

Pero ¡calla! Que esta semana me he enterado incluso de mi factor sanguíneo, sí, como oyes, no tenía ni idea y ya me vale. Ahora sé que soy A positivo y casi me turbo. Me encanta la letra “A” y mucho más ser positivo, que siempre me dicen que soy un negativo, pesimista,  y todas esas cosas de la psicología. Ya lo decía el sabio filósofo holandés, de finales del siglo XX Louis Van Gaal: “Siempre positivo, nunca negativo”

Nunca es tarde para aprender, aunque comienza a echarse el tiempo encima para memorizar, el Alzheimer se aproxima, pero mientras tanto escribo que algo ayuda para recordar y no parecer un libro viejo con las páginas en blanco. Lo dicho, nunca es tarde, o casi nunca, y os aseguro que a mis cuarenta y ocho sé muy bien lo que digo.

¿Se puede ser tan esaborío?, doy fe, pero con A positivo, ¡siempre!

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