Hagas lo que hagas

Hagas lo que hagas…, es una frase corta que por sí sola dice mucho, lo dice todo. Hace unos días escuchaba a un político español que se quejaba con amargura de que hicieras lo que hicieras siempre te criticaban. Yo soy de los que creen con absoluta convicción que la clase política sufre un descrédito merecido pero este señor, expresidente de una Comunidad Autónoma y actualmente miembro del Consejo de Estado comentaba que hiciera lo que hiciera era criticado y con crueldad. Por ejemplo, contaba que él renunció a su sueldo como Expresidente y se dedicó a trabajar “gratis” en una oficina integrada en los presupuestos de la Comunidad para asesorar “gratuitamente” a cualquier ciudadano. Lo pusieron a parir, lo acusaron de utilizar el dinero público en beneficio propio hasta para comprarle ramos de flores a su mujer. Este político razonaba que lo preocupante es que esta falacia la asumían una cantidad enorme de ciudadanos como una verdad absoluta y que de nada servía que lo negara por activa y por pasiva.

Confieso que le creí, sí, incluso el propio presentador del programa de radio confesó que este político había recibido suculentas ofertas de otras cadenas para participar en ellas y había renunciado a pesar que la cadena donde estaba le había bajado sus emolumentos un 50% a causa de la crisis, lo había hecho porque consideró que él se debía a lo público (huelga que decir que la cadena en la que colabora es del Estado)

También comentó algo que me hizo pensar, dijo que los políticos son un reflejo de la sociedad en la que vivimos y que los defectos de la sociedad se trasladan a los políticos que elegimos, y creo que lleva razón. ¿Cómo se explica que continuemos votando a los mismos después de tantos engaños y de tanta corrupción?. Julio Anguita, para mí una persona moralmente ejemplar, ya lo dijo cuando expresó que tenemos lo que nos merecemos, tanto por votarlos como por “borrarnos” mediante la abstención y no sacar a estos corruptos del poder. Aguita indicaba que el ciudadano se ha vuelto cómodo, no quiere pensar porque pensar conllevaría implicarse, supondría comprometerse y eso, eso sí que es jodido.

En mi trabajo el Comité ha conseguido un beneficio social para la mayoría pero hay una minoría que por su particularidad no puede tenerlo, es tanta la rabia de este colectivo que han llegado a pedir al Comité que se quite a la mayoría parte del beneficio de ese derecho social conquistado, solo por la única razón de que ellos no pueden tenerlo temporalmente.

¡Así nos luce el pelo!

LA MALA REPUTACIÓN (Paco Ibañez sobre un tema de Georges Brassens)

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