Reflexiones y preguntas o el aguijón de las abejas

Encontré mi último trabajo dos años antes del estallido de la crisis. Fueron seis meses de paro en los cuales las escasas entrevistas que tuve solo sirvieron para que constatara que con 42 años ya era considerado como viejo en el mercado laboral.

El trabajo era mal pagado pero la Empresa muy grande, de hecho era considerada la segunda empresa española en el sector de la alimentación. Al poco tiempo me di cuenta que la Empresa era grande pero no por ello una Gran Empresa.

Estaba gestionada por dos hermanos, a la vez accionistas junto con bancos y otros. Estos eran los accionistas mayoritarios y, por tanto, los rectores de los designios de la Compañía. Pronto se descubrió el robo y la corrupción a la que habían sometido a la Empresa y fueron apartados de sus puestos de dirección tras imponerles sus otrora compañeros de junta, una denuncia por desvío de fondos, falsedad documental y otras maldades de las cuales ahora no recuerdo su nomenclatura.

Actualmente, seis años después, gano lo mismo que cuando entré a formar parte de esta Empresa. No he conseguido dar ni un solo paso ni tampoco desarrollar un proyecto de algún tipo, me dedico a hacer de simple auxiliar mientras compruebo cómo otros con poca o nula experiencia reciben oportunidades de crecimiento profesional dentro de la compañía, son más jóvenes y vienen con mayor preparación y especialmente, mayor recomendación. Me quedan dos años para los cincuenta y todavía tengo que aguantar a gente que me trata como si tuviera dieciocho años y estuviera de aprendiz, por no decir, como si yo fuera tonto del culo.

Y encima soy afortunado, triste pero cierto. Esto es como si te pusieran en la tesitura de que te cortaran las dos piernas o solo una, considerando una suerte que solo te corten una. Así está el mundo laboral, es esto o el paro y claro, prefiero esto y hay unos cuantos millones que estarían encantados de estar con una sola pierna como yo.

En medio de esta crisis solo me queda sobrevivir como buenamente pueda, he pasado de ser clase trabajadora a ser considerado como clase baja al borde de la pobreza y quizás algunos me digan que exagero pero basta con dar un detalle para que lo entiendan. Si me quedo sin trabajo, algo probable dada la propia inestabilidad de mi Empresa, pasaría directamente a quedarme sin nada en absoluto en cuestión de dos años que es lo que, por el momento, tendría de paro, las posibilidades de encontrar trabajo a mi edad no existen en este país inmerso en la peor crisis económica de su historia. A partir de ese momento tendría que vivir o en casa de mi padre o en la calle y con una deuda pendiente por la hipoteca de mi actual vivienda.

Me quedan 19 años para jubilarme siempre y cuando este gobierno no decida volver a atrasar la edad de jubilación, de los cuales estaré 15 pagando hipoteca, y nunca he conseguido estar en un trabajo más de ocho años porque siempre termina o hundiéndose la empresa o vendiéndose a un pez más grande que, aprovechando sinergias, despide a muchos, entre ellos yo.

Pero hay que ser positivo ¿no?, podemos ser felices aunque estemos viviendo con la soga al cuello todo el santo día, se trata simplemente de no ser consciente los 86.400 segundos del día que en cualquier momento todo puede ir a peor y encima arrastrar a aquellos que quieres y eso que no tengo hijos, pero ¿y si los tuviera? Hay estas abejas, no paran de pincharme con su afilado aguijón.

Pero ¿a qué recurro? ¿al burdo consuelo que da no verse en el grupo de los cinco millones y medio de parados?, ¿pienso mejor en los más de dos mi millones de personas que hay en el mundo entre la pobreza y la pobreza extrema y me comparo con ellos? O ¿simplemente no pienso y me dedico a ver la Eurocopa como si la vida me fuese en ello? ¿Es este planteamiento negativo o realista? ¿Pensar en los hechos es ser negativo? ¿Debería negarlos o simplemente no darles importancia? ¿Decir cómo están las cosas es ser pasivo y no actuar para no caer en lo que tanto tememos? Dicen que si piensas que algo va a ocurrir, ocurre y os juro que yo llevo toda mi vida pensando con mucha fuerza que todo va a ir bien y cuando podía salir del hoyo, salta la puta crisis.

Preguntas y más preguntas y juro por mis muertos que consigo salir de este bucle de interrogantes sin respuestas únicas y verdaderas, cuesta, pero salgo.

Me voy a la cama, que mañana vendrán más abejas a revolotear por mi cabeza y tienen un aguijón muy puntiagudo.

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