Que no me llamen CULPABLE

Lo había estudiado en el instituto y en alguna ocasión había visto documentales al respecto. Recuerdo también que al final de la película “Titanic”, ¡qué llorera por cierto!, se mencionaba de pasada pero como una parte más de la ficción sin posibilidades de que esto fuera a pasarme a mí, ciudadano del mundo moderno y avanzado, ¡era imposible! Pues no, no lo era y no es una ficción, lo mismo que ocurrió en los años veinte del siglo pasado estoy viviendo y sufriendo de primera mano una GRAN RECESIÓN. Uno cuando estudiaba sobre esto no comprendía el alcance de esta expresión, solo imaginaba a unos ricos convertidos a pobres tirándose desde los rascacielos de New York con imágenes en blanco y negro, pero casi nunca tenía la mente puesta en esos millones de pobres que a causa del saqueo de los más poderosos, no obtenían un mendrugo de pan que llevarse a la boca.

Cuando leía sobre aquellos tiempos pensaba que de aquella terrible lección la humanidad habría terminado por aprender, pero no, las crisis son cíclicas porque los errores de los seres humanos también lo son. No tenemos memoria y una vez aprendida con sangre la lección, la olvidamos en muy poco tiempo para comenzar a repetir los mismos errores que nos llevaron al desastre. Hemos perdido nuestra moral, hemos pisoteado todos los principios en aras del benefició suculento y rápido.

Y después de todo eso hemos vuelto a caer, y me está tocando ya tan cerca que es muy difícil no sentir el aliento de la miseria en mi cogote. Todavía tengo trabajo pero no me da para vivir, si no fuera…, en fin. Así hay millones de personas a mi alrededor que están igual o peor que yo. Cada vez más y en peores circunstancias por lo que cuesta no pensar en ello.

Vivir así es difícil, cuesta conciliar el sueño y aún así continúo teniendo sueños porque sin ellos la vida se pararía, simplemente no merecería la pena vivir. Me gustaría ser padre, a mis 48 ya me vale,  pero no sé muy bien por qué, la verdad es que si busco razones lógicas no veo ninguna, es más, quizás sea mejor no razonarlo porque desde traer una personita a esta mierda de mundo para que tenga que sufrir lo que yo estoy sufriendo, hasta plantearme si tendré medios para su manutención, pues eso, que no lo pienso porque si no me entra una cagalera que no hay fortasec que la detenga.

Si ya lo decía el sabio, “cuanto menos sepas mejor”, y ¡cuánta razón llevaba! Cuanto más sé, más leo y más conciencia tomo de los asuntos, más ansiedad recorre todo mi cuerpo y no me deja vivir feliz en la ignorancia y en la pura estulticia,  embruteciéndome solo con birras y fútbol.

No me siento culpable de lo que está ocurriendo por mucho que estos mentirosos compulsivos como Rajoy, Esperanza Aguirre, el incalificable Juan Roig de Mercadona, Emilio Botín, Rodrigo Rato o cualquiera de esa panda de miserables quiera hacerme creer. He vivido sin robar a nadie, he cumplido íntegramente con mis obligaciones, pago una hipoteca de una vivienda digna,  tengo un coche medio en ruinas que mantengo a duras penas porque sino ir a trabajar me supondría cuatro horas diarias de mi vida y no, no me van a engañar de nuevo echándome la culpa a mí y a los millones que como yo sobrevivimos como mil euristas desde hace muchos años, mucho menos a aquellos que han perdido el trabajo y a los que se les quiere encima robar la dignidad. Si yo dejo de pagar mi hipoteca me llevan a juicio, si un banquero como Rodrigo Rato oculta y defrauda se le premia con una salida millonaria y se le busca otro empleo bien remunerado. Si te llevas dinero público no vas a la cárcel pero si robas comida te empapelan dos años, si protestas en la calle te pega la policía y te meten otros dos años en chirona.

¿Me quieren hacer creer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? ¿Cuáles eran esas posibilidades? Yo no he dictado las normas financieras, ni he relajado los métodos de supervisión bancaria, ni he hecho la vista gorda ante los defraudadores ni los paraísos fiscales, ni he comprometido más de veinte mil millones de euros en contratos militares, ni he nombrado miles de consejeros amiguetes a dedo, ni autorizado siquiera la compra de vehículos de lujo para los políticos, tampoco he podido colocar a mis colegas en puestos estratégicos de gobiernos, bancos o empresas. Nones he sido yo quien ha premiado a los ladrones de guante blanco, ni quien ha participado por activa o por pasiva en la Gürtel, los Eres de Andalucía, los escándalos en Castellón, Valencia, Madrid, Alicante, Galicia, etc que han supuesto robos de miles y miles de millones de euros de lo público. ¿Por qué tengo que pagar yo esa deuda odiosa cuando han sido otros los que nos han llevado a la hecatombe?  Les di mi voto para que gestionaran correctamente lo público no para que me lo robaran y luego me llamaran a mí “culpable”

¡Ya está bien que me digan que ahora tenemos que aceptar que viviremos peor y que nuestros hijos también tendrán que vivir peor de lo que hemos vivido hasta ahora! Y encima que te lo digan aquellos que tienen el culo bien cubierto para ellos y sus hijos, pero ¿qué desvergüenza es esta?

Claro que algo de remordimiento tengo, el remordimiento de no haberme tirado antes a la calle a protestar, a exigir responsabilidades, remordimiento cuando con mi voto o mi abstención no castigaba a aquellos que estaban robándonos hasta la sangre, cuando durante mucho tiempo fui cómodo y no me preocupé por las cuestiones que nos afectan, cuando miré a otro lado por miedo y comodidad. Remordimiento por permitir que los medios manipuladores de comunicación me engañaran por la puta comodidad de no querer ir más allá, con la excusa de que por algo les he votado, para que piensen por mí. Pero ya está bien, pude haberme equivocado con esa actitud laxa, como tantos millones, pero no robé ni un euro a nadie y no engañé a mi vecino, por lo que no me vuelvan a culpar de este desastre porque ya se me han hinchado las narices y no pienso pasarles ni una.  La era de los miserables advenedizos se está acabando, es cuestión de tiempo, su extrema avaricia e inhumanidad nos ha despertado. Tengo derecho a vivir y no a sobrevivir, tengo derecho a una vida digna,  tengo derecho a mis sueños y ustedes no me los van a robar.

Anuncios