Corazón Oxidado

Hoy he ido al gimnasio, por fin y después de medio año sin pisarlo he vuelto a las andadas. Un poquito de pesas, poquito porque tampoco me gusta demasiado y luego ejercicios aeróbicos para coger fondo y controlar el peso que se desmadra con excesiva facilidad. He corrido  (lo de correr es un decir) sobre la cinta durante una hora y he sudado como un auténtico cerdo en el infierno.

Mientras corría escuchaba mi música para intentar amenizar un poco la estancia en esa macrodiscoteca que es un gimnasio. No soporto la música que ponen a base de ritmo machacón que hace temblar las carnes sobrantes de nuestros cuerpos maltratados por la “fast food” ¡Claro!, tampoco te van a poner a Sabina, Aute, Serrat, Manolo García o Fito…, bueno, Fito, ¿por qué no?, precisamente cuando ya mis fuerzas flaqueaban ha sonado en mi BlackBerry la canción “Corazón Oxidado” de Fito y digamos que ha sido como una especie de Eritropoyetina inyectada en sangre, proporcionándome un subidón espectacular de glóbulos de todos los colores gracias a una letra y a un mensaje con el que me siento absolutamente identifcado.

Muchas veces he sentido estos tópicos como parte de mi vida. Resulta que cuando una cosa ocurre muchas veces, la sentimos muchos y la repetimos hasta la saciedad la definimos con la palabra “tópicos”,  como para quitarle importancia, como para decir que está muy visto, como para hacer ver que no estamos descubriendo nada nuevo,  que es un sentimiento o pensamiento siempre recurrente y con pocas variaciones, pero ahí están, siempre están. 

Y lo siento tal y como lo describe Fito, siento cómo la vida es frágil, cómo todo es fácil que se vaya a la mierda sin casi poder evitarlo, cómo todo se puede quedar en sueños sin solución de continuidad y deja el corazón medio roto, oxidado con tanta puta vida que machaca, que desespera, con tanta decepción, con tanto silencio, con tanto olvido. A veces ocurre que a un corazón no le caben muchas más cosas y se apaga, se queda como un corcho incapaz de sentir las llamas  tratando de sobrevivir como buenamente puede y como generosamente otros le ayudan a vivir.

Pues ahí anda mi corazón, mi barranco pero también mi camino, poca sangre, calidad mediocre, un A positivo que aún vive y late, con un pequeño rayo de luz que me salva de ser un zombi para continuar perteneciendo al decepcionante género humano…, quizás me asemeje más al hombre de hojalata de El Mago de Oz, pero aún quedan rastros y restos de algo que fue un corazón trepidante, quitándole el óxido con un poco de gaseosa o tirando de tópicos, dejándolo reposar en medio de las burbujas de la vida.

Anuncios