Trote cochinero

Este fin de semana voy a participar en mi primera carrera popular, estoy emocionado y a la vez preocupado pero en fin, esto debe ser como tener un hijo, si te lo piensas mucho y lo razonas, con los tiempos que corren ni lo tendría y tampoco correría. Por cierto los tiempos corren tanto que yo no sé qué hago corriendo yo a estas alturas.

La carrera lleva el nombre de “Ponle Freno” y claramente hace alusión a la seguridad vial y a la prudencia en carretera. El nombre tiene su ironía porque en mi caso y para la carrera, llevo el freno echado desde el primer metro, no estoy yo para muchos tutes. Podría haberme apuntado a la distancia corta de 5 kms pero para mi fondo físico se queda un poco corto. No voy al paso, en todo caso al trote y ¡menudo trote! que bien puede llamarse  el trote cochinero.

Finalmente le he puesto un par de huevos de ciervo al asunto, como el ‘tontoelculo’ ese del PP en Baleares, me los he puesto por montera y me he apuntado a la de 10 kms., ¡con dos cojones! ¡Ojo que es una distancia que llevo un año sin poder completar. ¡Ay qué desasosiego!, ¿cómo puedo ser tan inconsciente? ¿O tan presuntuoso? en fin, que si al final no la acabo, ¡qué va a ser de mí y de mi reputada imagen de tío deportista y todo eso! Lo sé, estoy dramatizando porque tampoco es para tanto, al fin y al cabo es una carrera que la termine o no, no me supondrá ni mantenimiento del empleo, ni subida de sueldo, tampoco implica que me adoren las vírgenes vestales de TeleCinco, ni que me den un viaje a New York con todo incluido ni nada que se le asemeje, pero el orgullo propio, el afán de creer que a mis años aún puedo hacer algún exceso físico, en fin, lo que yo te digo, presuntuoso total. 

Creo que cuando la acabe, los huevos los llevaré medio arrastrados por el asfalto pero no podía dejar pasar esta oportunidad de experimentar lo que es correr al lado de 15.000 bestias que como una gran manada de ñus inundará algunas de las principales vías de Madrid jodiendo a los conductores que regresan de la noche de juerga o bien a los madrugadores que pierden el culo por salir de la madriguera en busca del periódico o de un café dominguero en el bar de la esquina. Por cierto, ¿Por qué siempre es en el bar de la esquina?, está claro, es una leyenda urbana pura y dura porque bares hay en todos los lados, son las pymes más numerosas. 

Esto de correr hace tiempo que me enganchó, me siento bien, especialmente porque es un deporte solitario y yo, a pesar de lo que pueda parecer, soy un tipo solitario. Afortunadamente creo haber superado la etapa de NO querer estar con nadie para aterrizar en la placentera etapa de disfrutar de los momentos, aunque esté solo, y si no, también.

Mientras corro pienso, siento el aire en mi cara, reflexiono mucho sobre mí y todo lo que me rodea e incluso, el correr ayuda a que mi mente se despeje y nuevas ideas fluyan, lo que seguro agradecerán mis millones de lectores puesto que muchos posts de este blog son producto de la reflexión en el trajín deportivo. 

En fin, ya os contaré la experiencia algún día sobre mi trote cochinero, mientras tanto ir entrenando que el tiempo más que corre, vuela.

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