Inspiración, acoso y otras hierbas

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Estamos a mediados de Febrero y nada, no hay forma de hilar ideas que a su vez den forma a un texto medianamente interesante. No es una cuestión de parecer interesante a mis millones de lectores, que no, es más el hecho de que a mí ni siquiera me parece atrayente y que mis, en otros tiempos, personales y espirituales reflexiones se han quedado en pensamientos erráticos, vagos y poco consistentes. Bueno, al menos así lo veo yo.

Imagínate que alguna vez en mi vida me dedicara a la política y mis adversarios leyeran este texto, estaría en la primera plana de todos los informativos de la derecha casposa de este país para poco menos que acusarme de tonto del culo. Por cierto, ¿qué entiendo yo por derecha casposa de este país?, pues simple y llanamente la derecha rancia, anticuada, aquella que va con el crucifijo en una mano, y con el sobre de dinero negro en la otra, la de “por mis santos cojones”,  la de los toros y la hombría de clavarle una espada a un animal, la España de la pandereta y el fútbol, del “todos los políticos son iguales”…, en definitiva, la España dominante, ¡qué pena!

Llevo varias semanas con muchos temas laborales en mi cerebro. Una vez superado el mal trago del ERE que ha vuelto a asolar a mi Empresa, ahora estoy metido de lleno en un caso, parezco un abogado hablando así, de acoso laboral. Curioso tema este del acoso. Es algo que por un lado lo criticamos pero por otro lado lo jaleamos sin darnos cuenta. Pondré un ejemplo para ilustrar esto.

El Acoso es algo así como la concurrencia de una serie de hechos por parte de una persona, o varias, hacia otra persona o varias, por los cuales se produce un daño moral que afecta al honor, la profesionalidad y por lo tanto a la propia imagen del trabajador. Vamos, que eso de mandar a tomar por culo a un trabajador, llamarle niñato de mierda, muñón, subnormal, inútil, amenazarlo con el despido o decirle que su trabajo es una mierda, arrinconarle, aislarle, etc, pues eso, que  así, constatando estas situaciones como hechos objetivos en el tiempo se puede considerar un Acoso en toda regla. No tienen por qué producirse todas esas situaciones pero basta con que haya una reiteración en el tiempo y una afectación al currito, que al “acosado” se le puede caer el pelo con el peso de la ley en la mano, pero ¡claro! Ya sabemos lo que pesa la ley en nuestro país, siempre cae encima del pobre y del lado del poderoso.

No soy muy amigo de ver televisión pero viendo el famosísimo programa de “Pesadilla en la Cocina” comprendí cómo se puede “acosar” en toda regla a un trabajador o grupo de trabajadores y encima caer bien a millones de españolitos que nos tragamos bazofias de este calibre casi sin pestañear.

Descalificaciones personales, críticas en públicos que rayan el insulto, modales un tanto cavernícolas, etc., son los medios utilizados por el presentador para hacer reaccionar a unas personas que tienen una afición a cocinar como la que yo tengo para hacer calceta. Poniendo la ley en la mano, lo que hace este tío es “Acoso laboral” en toda regla, pero como el final de la película es que las hostias y latigazos son por el bien de los acosados y que solo la letra con sangre entra, pues que de acoso nada y en todo caso podemos hablar de “qué tío más majo y campechano, cuánta razón lleva y no sé cuantas pamplinas más” En definitiva, volvemos al extremo de los años cuarenta del siglo pasado con el cura dándole de hostias al niño para que copie 50 veces la lección y llorando de la emoción porque el santo padre lo hace por su bien.

Lo que yo te digo, que con casos así difícil encontrar inspiración para poder escribir. Mis disculpas a mis estimados lectores. Volveré pronto.

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