Un trozo de carne con ojos

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Si tuviera que definirme lo tendría fácil, ya son muchos años conociéndome y creo que no ando muy lejos de la realidad cuando digo que soy un  tipo melancólico con dificultades de concentración, a veces demasiado ensimismado en el micromundo creado por mis percepciones y con reiteradas huidas a la caja de la nada, para esconderse del mundo y también, por qué no decirlo, de mi mismo.

Visto así, bueno, lo veas como lo veas, soy un tipo de difícil convivencia. He perdido el apetito por comerme la vida a bocados y eso se nota porque tengo pocas apetencias, me arriesgo cada vez en menos cosas y solo consigo encenderme con los problemas sociales o que afectan a terceros porque pertenecen al ámbito de lo externo. Todo lo demás, es decir, todas las cuestiones emocionales internas me superan y por lo tanto huyo de ellas, las evito o las mantengo a una prudente distancia.

Tengo claro que sólo se vive una vez y no me cabe la menor duda de esto. La idea o concepto de Dios está muy lejos de mi comprensión y sea o no sea, es decir, exista o no, me trae sin cuidado, al menos el mismo cuidado que yo le traigo a él.

A veces confieso que tengo vértigos con el final de todo. La muerte aparece en mis percepciones sensoriales con demasiada insistencia en los últimos tiempos y la conciencia de que todo se acaba y no hay nada más, domina mis pensamientos más de lo que debería ser. ¡No me jodas que en el ecuador de mi vida estoy con estas bobadas!…, pues lo estoy y juro por mis novias en cada puerto y por mi multitud de hijos descarriados que no lo hago intencionadamente.

No obstante y con la experiencia que dan las hostias contra muros de hormigón, he aprendido a racionalizar y a canalizar estos pensamientos para que no me dominen y me tengan todo el día con la sensación de tener el helador filo de la guadaña en mi garganta.

En ocasiones me pregunto ¿estaré viviendo con el suficiente coraje de “VIVIR” sin importarme lo que otros piensen de mi? Creo que en este aspecto he fallado un poco. Con alguna frecuencia me han dominado los temores a hacer daño, a decepcionar,  y he dejado de hacer cosas o he pospuesto decisiones por falta de coraje. No es justo para nadie, pero especialmente no es justo para mí. En mi blog suelo hablar de la necesidad de “vivir” y no de esperar, de pedir perdón si ofendemos pero no de estar siempre pidiendo permiso. El temor no nos deja ser lo que somos y después de tanto tiempo creo que esa deficiencia de coraje me ha dejado marca. Por ahí dicen que “el mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y corren el riesgo de vivir sus sueños”

En fin, esto de desnudarse por el mundo virtual es lo que tiene, que todo se sabe pero tengo la impresión que no soy una excepción y que muchas cosas que siento son sentimientos extendidos entre mis millones de lectores, ¿no te parece?. Así es la vida, una cosita, otra cosita y pasas de ser cosita a ser un trozo de carne con ojos. ¡Námaste!

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